Leemos en Discapacidad la siguiente noticia que os reproducimos de forma íntegra:
Se calcula que el 10% de las personas tiene dislexia, un trastorno del neurodesarrollo de origen neurobiológico – hereditaria el 70%- que se traduce en un trastorno del aprendizaje y que, a pesar de que puede llegar a ser muy discapacitante, se sigue banalizando, «no tiene que ver con una falta de esfuerzo ni de actitud, es una condición con la que se nace, como otros nacen zurdos, y acompaña durante toda esta etapa de la vida», quiere dejar claro Araceli Salas, portavoz de la Federación Española de Dislexia (FEDIS), desde el inicio de nuestra conversación.
Salas asegura que la gente no es consciente de lo que puede suponer tener este trastorno, sobre todo si no se detecta ni se ponen medios desde que los niños son pequeños, «no es ni una enfermedad ni tampoco una discapacidad en el sentido de cómo la gente la entiende, pero sí que puede ser muy discapacitante si no se les ofrece a las personas con dislexia las herramientas que necesitan. Es como la miopía, que no está considerada como una discapacidad, pero puede llegar ser muy discapacitante si no llevas gafas».
Y esas herramientas, insiste, tienen que darse lo antes posible y, sobre todo, ser conscientes de que la dislexia va más allá de una dificultad para leer y escribir.
No sólo leer y escribir
Como explica Araceli Salas, la dislexia es «una dificultad específica y persistente en el acceso a la lectoescritura, pero va mucho más allá de tener problemas para leer o para escribir. Las personas que tienen dislexia tienen sufrir una alteración en el procesamiento fonológico. Por eso, cuando son pequeños y tienen que acceder a la lectura, tienen muchas dificultades para recordar qué sonido va a contar la letra, que es básicamente en lo que consiste la lectoescritura».
Esto provoca dificultades serias de aprendizaje, pues si tienes dificultades para leer y escribir tienes dificultad para comprender lo que lees «tu cerebro está haciendo tal esfuerzo en decodificar las letras que ve no comprende lo que lee. Y si no comprendes, no hay aprendizaje. Por este motivo, hay muchos niños con dislexia que van retrasados en su aprendizaje, pero no porque que no tengan capacidad, porque la dislexia no tiene nada que ver con una menor inteligencia, sino porque no comprenden lo que leen. De hecho, no es solo que no tengan una menor inteligencia, sino que a veces está relacionado con las altas capacidades. Son inteligentes, solo que, por muy inteligentes que sean, si no se les dan las herramientas que necesitan para acceder al código escrito, se van retrasando», explica Araceli.
La dislexia puede ser discapacitante si la persona no tiene las herramientas necesarias
Además de una alteración en el procesamiento fonológico, que es la más característica, en la dislexia también hay una alteración en la memoria corto plazo, «las personas con dislexia tienen muchísimas habilidades y fortalezas, como una gran memoria visual, pueden ser personas creativas, altamente sensibles… pero la memoria a corto plazo está alterada«.
Todo esto es muy importante que lo sepan las familias, los profesionales, los docentes… para como demandan desde FEDIS, «diseñar metodologías que activen la memoria, y metodología que mejor funciona para el colectivo con dislexia, y que a su vez va muy bien para todos los alumnos, es la metodología multisensorial, aquella que activa más canales, más sentidos, y de esta forma ellos sí pueden aprender mejor. Por eso, por ejemplo, para ellos son muy útiles los softwares lectores, como audiocuentos, podcasts, audiolibros…».
A otras áreas a las que también afecta la dislexia es a las funciones ejecutivas: organización, planificación, atención, memoria… es decir, que va mucho más que tener dificultades en la lectura y en la estructura.
Muy asociada al TDA y al autismo
Araceli Salas se queja, además, de que las metodologías de aprendizaje no se adaptan a los alumnos con dislexia, de lo poco comprensivos que son a veces en los entornos educativos con ellos, «la alteración fonológica provoca que tengan una sintomatología a la hora de escribir y de leer, como, por ejemplo, las faltas ortográficas’, que tomar como ‘faltas’ sino como ‘síntomas’. Si penalizas las faltas de ortografía, penalizas un síntoma, cosa que no se hace con ningún otro trastorno. Hay mucho desconocimiento con este tema, por eso una de nuestras reivindicaciones es que no se les penalice las faltas, que tengan correctores ortográficos, que en caso de tener disgrafía puedan usar un ordenador, una aplicación de voz a texto… y que se tenga en cuenta el grado, que puede ser leve, moderado o severo.
Si penalizas las faltas de ortografía a los alumnos con dislexia, penalizas un síntoma, cosa que no se hace con ningún otro trastorno
También hay que tener en cuenta si la dislexia va a acompañada de otras dificultades de aprendizaje o de otros trastornos, algo bastante habitual, «hay personas que solo tienen dislexia, pero la mayoría tiene otra dificultad en el aprendizaje, como disgrafía, disortografía, discalculia, y otros trastornos como TDA (trastorno del déficit de atención), dispraxia e incluso con autismo tipo 1«.
Son precisamente estas ‘comorbilidades’ las que determinarán que haya o no una discapacidad, pues solo por dislexia, aunque sea grave, es muy difícil, que la concedan, «ahora mismo, el grado de discapacidad por dislexia no te lo dan en ninguna comunidad, otra cosa es que vaya acompañada de TDAH, TEA… que vayan sumando, pero es muy raro. Por dislexia solo, no. Se puede solicitar, pero no es común que se dé«.
Araceli cree que estaría bien, sobre todo en casos más graves, pero considera que lo esencial es la la ayuda a las familias y una mayor sensibilización para que se detecte y aborde cuanto antes, «la detección decepción se podría hacer con cinco años, no hay que esperar a que fracase en lectoescritura para intervenir, porque antes se puede observar si tiene otras áreas alteradas», explica.
Detección precoz y apoyos en casa y en el colegio
Cuanto antes se detecte, antes se les podrán dar al alumno las herramientas que necesita aprender y menos repercutirá en su aprendizaje, «se tendrán que poner a disposición de los niños las herramientas en cuanto las necesite, porque las necesitan para aprender como el que tiene miopía y necesita las gafas para ver bien, no son privilegios, porque si tienes dificultades para leer y escribir y tienes que demostrar lo que sabes a través de la escritura es imposible tener igualdad de condiciones. No podemos hablar de diversidad y querer que todos aprendan de la misma manera y hagan los mismo, porque eso no es igualdad», reitera.
Araceli quiere insistir en el que hecho de que, aunque sean de facto alumnos con necesidades especiales no se les trata como tales, pues, por ejemplo, no tienen acceso a las becas destinadas a este colectivo, «es una de nuestras mayores reivindicaciones, porque se vulneran sus derechos, y eso provoca que, dependiendo del socioeconómico que tenga la familia, la evolución del caso va a ser muy diferente».
No podemos hablar de diversidad y querer que todos aprendan de la misma manera y hagan los mismo, porque eso no es igualdad
Fuera del colegio, como la mayoría de los niños con problemas de aprendizaje, «necesitan terapias para trabajar el procesamiento fonológico, la memoria, la planificación… con especialistas, ya sean logopedas, psicólogos, terapeutas ocupacionales…». Terapias que, ante a falta de ayudas, tienen que costear las familias, lo que provoca que, los niños con dislexia cuyos padres no puedan costear estas terapias, se vayan quedando atrás, «eso de que puedes conseguir cualquier cosa que te propongas es una chorrada, porque, para los niños con dislexia, depende de dónde hayas nacido y de las posibilidades que haya tenido tu familia de apoyarte y del apoyo que hayas tenido en el colegio», dice indignada Araceli Salas.
Además, como insiste, de no detectarse y abordarse pronto, puede repercutir también en su salud mental, «una de las cosas que más nos hace de sufrir a las familias y a los propios afectados es que cuando no hay una detección temprana y no se están dando estos acompañamientos ni en casa ni en el cole, hay unas secuelas muy grandes a nivel emocional y nos encontramos con niños con 7-8 años con ansiedad o depresión, trastornos del sueño, trastornos de alimentación… porque como son inteligentes, ellos se comparan, aunque no les compare nadie».
Estas secuelas se arrastran hasta la edad adulta, porque la dislexia te acompaña toda la vida, «es cierto que afecta más en las etapas en las que tienes que aprender, pero también influye la profesión, el grado, el nivel socioeconómico que condiciona los apoyos que ha tenido… pero lo que queremos poner sobre la mesa es que, con herramientas, sí pueden llegar tan alto como cualquier persona sin dislexia. Nosotros conocemos a personas con dislexia en todas las áreas, desde arquitectos, periodistas, directores del cine, maestros, psicólogos, peluqueros, carpinteros y mecánicos… porque tienen muchas habilidades«.
Unas habilidades que, para aflorar, tienen que potenciarse desde niños, «cada vez hay mayor sensibilización, los profesionales de ámbito educativo y sanitario se están formando más, están investigando más, pero todavía queda mucho por hacer». Araceli incita a que, ante la mínima sospecha, consulten en Internet el protocolo de detección Prodislex al que se puede acceder de forma gratuita, «no es un protocolo de diagnóstico, pero sí para detectar». Una detección precoz que, con la metodología adecuada, permitirá que estos niños, como reza la campaña de este año, ‘puedan brillar’.
Fuente: Discapacidad https://www.20minutos.es/noticia/5641040/0/araceli-salas-portavoz-fedis/

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