Leemos en Discapacidad la siguiente noticia que os reproducimos de forma íntegra:
Desde Cuenca y con solo 25 años, Lorenzo Higueras ha logrado lo que muchos aún buscan: encontrar un lenguaje propio para expresarse en un mundo que no siempre comprende la diversidad. Con artrogriposis múltiple congénita, una condición que impide el movimiento normal de varias articulaciones, Lorenzo ha construido una vida plena, entre el Derecho y el arte, entre las aulas y los lienzos. Pinta con la boca, reflexiona con agudeza, vive con libertad. En el marco del Día Internacional de la Artrogriposis, Lorenzo conversa con 20minutos desde la sección Capaces para hablar de lo cotidiano, lo artístico y lo invisible: la normalidad de una vida que desafía estereotipos sin proponérselo.
Aunque hasta hace poco desconocía la existencia del Día Internacional de la Artrogriposis Múltiple Congénita, Lorenzo Higueras valora que se visibilice una condición como la suya. No la vive como un emblema, pero reconoce que dar voz a quienes conviven con esta discapacidad es necesario, aunque él, si la fecha cae en lunes, lo celebrará pintando, y si cae en viernes, quizá con una cerveza.
No tengo grandes adaptaciones en casa
Tiene 25 años, un 81% de discapacidad reconocida, una carrera de Derecho terminada y una vida en la que el arte ocupa casi todo su tiempo. Camina, aunque con limitaciones, y asegura que nunca ha necesitado una silla de ruedas. Se desplaza con relativa independencia, salvo por algunos detalles, como tener que sentarse en la parte delantera del taxi por no poder doblar bien las rodillas. “No tengo grandes adaptaciones en casa, más allá de que mis padres me pusieron una cama demasiado alta pensando que sería más alto”, bromea.
Le preguntamos por barreras o estigmas, y su respuesta, lejos del victimismo, está llena de lucidez. “He tenido suerte. En Cuenca, al ser una ciudad pequeña, es raro sentirse invisible. La gente me conoce y me respeta”. Aun así, denuncia que las barreras arquitectónicas son muchas y que la ignorancia sigue doliendo más que el desprecio consciente: “Hay quien no sabe y mete la pata, y luego hay quienes tienen mala idea. A esos, les pediría que estudien un poco”.
La pintura es su pasión y su rutina. Cada día dedica entre cinco y seis horas a pintar con la boca. Forma parte de la Asociación de Pintores con la Boca y con el Pie, donde ha encontrado una comunidad de artistas con experiencias similares, y también con la misma vibración vital. “Somos distintos, pero nos entendemos sin hablar”, dice sobre sus compañeros, como José, que también tiene artrogriposis.
Sobre su estilo, lo tiene claro: su pintura es «oscura, sentimental y libre«. Aunque es una persona alegre, se siente cómodo con el tenebrismo, el claroscuro y los colores apagados. Le gusta el realismo, y cuando un cuadro no le sale, lo vive como un momento de frustración. Ha pintado retratos inspirados en Rubens, arlequines y escenas con un alto componente emocional. Sus favoritos: el primero que le regaló a su madre y el que dio a su abuela.
No vive de la pintura, pero lo sueña. Ha vendido algunos cuadros, pero reconoce que, de momento, le da para «unos caprichitos». Lo dice con naturalidad, con esa mezcla de ironía y ambición que atraviesa toda la conversación. “Ser artista es una putada porque te la juegas. Pero si quieres vivir del arte, hay que currar”. Y él, desde luego, lo hace cada día.
Ha vivido el entorno universitario sin grandes problemas. Dice que su forma de ser ha influido en ello. “Yo no doy pie a que me miren raro”, comenta entre risas. Salía, tenía amigos y también una relación. “Lo típico en la uni”, dice, quitándole importancia. Asegura que se sintió uno más desde el principio.
Hay que normalizar. El humor también ayuda
No recuerda episodios graves de discriminación o infantilización, salvo alguna vez que alguien mayor le habló como si fuera un niño, hasta que le oyó hablar. “Si me hacen una broma buena, me río. Lo importante es normalizar”. Esa es su filosofía de vida, también en lo cotidiano.
En cuanto a su autonomía, reconoce que hay tareas imposibles: comer solo, calzarse, coger el móvil del bolsillo. Para ello, cuenta con el apoyo de sus padres y amigos, que le ayudan a diario. “Mi condición no solo me limita a mí, también a los que me rodean. Pero hemos aprendido a organizarnos”.
En lo emocional, confiesa que uno de los momentos más duros fue cuando terminó una relación sentimental. También cuando no lograba pintar algo como quería. Pero se queda con lo positivo: su progreso, su ambición, su disciplina. “Trabajo todos los días para mejorar. Esa es mi forma de aportar algo bueno al mundo”.
“Mis padres son la hostia, me han apoyado siempre»
Y si algo ha sido clave en su vida, es su familia. “Mis padres son la hostia, me han apoyado siempre. Me tuvieron jóvenes, lo normalizaron todo. Tengo una hermano pequeño, un ‘bicho’ encantador, y gracias a ellos soy quien soy”.
Con 25 años, una carrera de Derecho y una galería creciente de pinturas que transmiten emociones complejas, Lorenzo Higueras no es un testimonio de superación, sino de autenticidad. De alguien que vive como quiere, pinta como siente y exige lo que le corresponde: una vida libre, accesible y propia.
Fuente: Discapacidad https://www.20minutos.es/noticia/5726194/0/lorenzo-higueras-con-artrogriposis-multiple-congenita-pinto-con-boca-porque-mis-manos-no-responden-pero-mi-vida-si/

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