Leemos en Discapacidad la siguiente noticia que os reproducimos de forma íntegra:
María Clares viajó a Sevilla con su padre a principios del año pasado. Para ella, encontrar un hotel, un medio de transporte y lugares en los que comer y visitar zonas de interés se presenta como una tarea complicada. Esta joven orientadora educativa tiene parálisis cerebral. Se mueve en una silla de ruedas eléctrica y precisa alojarse en lugares en los que «toda la unidad sea accesible para poder desplazarme con la silla de ruedas, baño adaptado con ducha para silla de ruedas y WC con barras de apoyo», así como que disponga de ascensor si fuese necesario.
«Me puse a buscar apartahotel en Booking poniendo los filtros de accesibilidad», expresa, pero eso no es suficiente para la mayoría de las personas con movilidad reducida. Clares no se fía «de que se cumplan todas las condiciones que requiero para cubrir mis necesidades», por lo que se tuvo que poner en contacto con el alojamiento sevillano para confirmar si realmente iba a poder hospedarse allí. Aun con todo, «a pesar de que me dijeron que era accesible», su silla no entraba por la puerta del baño, no contaba con barras de apoyo en el WC y tenía un mueble debajo del lavabo, «lo cual me impide meter la silla para poder utilizarlo sin dificultades», recuerda.
Los obstáculos no finalizan en el alojamiento. Para llegar de Madrid, donde reside con su familia, a Sevilla, María Clares decidió desplazarse en tren, y eso supone «no poder llevarme la grúa para realizar las transferencias con mayor comodidad y seguridad, por lo que me tenían que coger, en este caso mis padres, en brazos». A la hora de comprar los billetes, debe seleccionar una plaza H, la que le permite viajar en su propia silla de ruedas, y con ella sólo puede ir un acompañante. Si viaja con más personas, el resto tendrían que sentarse en otro vagón. Y a todo esto se le suma, ya en la ciudad de destino, la dificultad de encontrar restaurantes accesibles, sin escalones a la entrada o con acceso al baño en la misma altura, y visitas guiadas adaptadas.
Las dificultades de accesibilidad para las personas con discapacidad no terminan en sus lugares de trabajo o estudio y en sus entornos privados, sino que se extienden también a su ocio, tal y como denuncian las principales organizaciones del sector. Para aquellas personas que tienen movilidad reducida y discapacidades sensoriales, organizar un viaje se convierte en un embrollo de búsquedas en internet para encontrar alojamientos, transporte y actividades, y de llamadas a los lugares a los que van a acudir para asegurarse de que realmente están adaptados.
La «costosa» búsqueda de información fiable
Beatriz Miguel, directora de Negocio de Ilunion Hotels, empresa que pertenece al Grupo Social Once y que se sitúa como una compañía de referencia en turismo accesible, destaca que «garantizar un turismo accesible e inclusivo significa asegurar que toda la cadena de accesibilidad funcione: desde el momento en que una persona empieza a planificar su viaje hasta que vive la experiencia completa en destino». «Si cualquier eslabón falla, la vivencia de la persona con discapacidad se ve limitada, y eso no es aceptable», evidencia.
Beatriz Miguel subraya que «la accesibilidad no se limita a lo físico, sino que también debe abarcar lo sensorial, lo cognitivo y el bienestar emocional», y es por ello que en la pandemia elaboraron una guía junto a la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (Cehat) para «inspirar a otras compañías y agentes del sector a avanzar hacia modelos inclusivos».
Para facilitar la búsqueda, desde Impulsa Igualdad, una red consolidada de organizaciones que se extiende a lo largo del territorio nacional, pusieron en marcha la web Tur4all, una web en la que se pueden encontrar tanto en España como en el extranjero opciones turísticas accesibles clasificadas por lugares y tipologías.
«Hay una implicación y vocación de que nuestro país mejore para dar una oferta de mayor calidad a los turistas con discapacidad, pero donde queda camino por recorrer es en la promoción de dar a conocer los estándares de accesibilidad que tienen nuestros destinos turísticos», señala Fran Sardón, presidente de Impulsa Igualdad. Resulta «costoso» para los turistas con discapacidad, agrega, «encontrar información fiable», salvo en organizaciones especializadas como esta en la que él trabaja.
Entre las mejoras urgentes, Sardón entiende que se deben aplicar «criterios de accesibilidad universal en el sector turístico, trabajar en la promoción de estándares de accesibilidad de nuestros recursos turísticos, promover la figura del asistente personal», aquellos profesionales que asisten a quienes tienen discapacidad para que puedan desarrollar su vida y sean independientes, así como seguir proporcionando «formación» a los trabajadores de este ámbito y «mejorar los transportes».
Sardón sostiene que, en los últimos 20 años, «se han dado pasos importantes en la mejora de la accesibilidad de los recursos turísticos, con labores de formación dentro del sector para atender a clientes con necesidades especiales».
Un hostal adaptado en Teruel
Al hijo de Nuria Julián Cardona le operaron entre 2014 y 2020 un total de 14 veces por una lesión en una pierna. Con cada intervención, pasaba largos periodos en silla de ruedas. Fue en los desplazamientos a Valencia para acudir a citas médicas y en las vacaciones cuando Nuria Julián se dio cuenta de la escasez de alojamientos y actividades adaptadas para personas con movilidad reducida que se ofertaban en España.
En 2019, decidió abrir un hostal en Calanda, un municipio turolense de unos 3.600 habitantes, totalmente adaptado para personas que se mueven en silla de ruedas y sigue adaptándolo para que resulte accesible para cualquier persona con discapacidad. «Hay que irse adaptando a los tiempos y hay que dar facilidades para que haya una inclusión total», asegura Nuria Julián.
No suele ser lo habitual. Las exigencias de habitaciones acondicionadas para personas con movilidad reducida son insuficientes. Algunas entidades que trabajan por las personas con discapacidad organizan viajes para sus miembros en los que tienen que buscar un alojamiento en el que hospedar a grupos de personas con discapacidades sensoriales o con movilidad reducida. Cuando varias personas con esta última condición buscan habitaciones adaptadas en un mismo complejo turístico, se torna complicado encontrarlas. Este hecho evidencia que «la accesibilidad turística», opina María Clares, «se ve como un extra».
Ella declara que participa en este tipo de actividades organizadas para personas con discapacidad, pero incide en que «lo ideal sería que todas las propuestas fueran inclusivas para que podamos elegir qué preferimos hacer en cada momento».
La normativa indica que, si el establecimiento tiene entre 20 y 50 estancias, este debe disponer de una habitación adaptada a personas con discapacidad, mientras que si el total está entre 51 y 100, dos habitaciones adaptadas; tres, si está entre 101 y 150; y así sucesivamente. Para un complejo turístico con cinco habitaciones o menos, no hay normativa que obligue a dedicar una de ellas para que la usen personas con discapacidad.
En el Hostal Cabezo Buñuel de Calanda, Teruel, dedicado al director de cine homónimo, originario de este pueblo, los cuatro cuartos y el resto del alojamiento están adaptados. María Clares apunta que las instituciones y empresas que adaptan un espacio deberían «comprobar si realmente son accesibles». Para ello, propone que cuenten con «personas con distintas discapacidades que fueran a corroborar si ese espacio le permite cubrir, en la medida de lo posible, sus necesidades».
«¿Para qué gastar dinero si luego no se comprueba?»
En la comarca del Alto Tajo, en Guadalajara, Gemma Roselló y José Jiménez fundaron una empresa de actividades al aire libre que, casi desde sus inicios, ha ofrecido aventuras inclusivas para personas con discapacidad. Desde visitas y talleres culturales, históricos y etnográficos a sesiones de astroturismo (turismo de estrellas) y observación de fauna.
Todas las actividades de Sentir el Alto Tajo, la empresa de Roselló y Jiménez, están adaptadas para personas con discapacidad, ya sea física o sensorial. Aquellos que no pueden ver, podrán identificar a los animales palpando sus huellas o su pelaje. «A los ciervos», ejemplifica Roselló, «no los ven, pero los huelen, los oyen, los sienten, y nosotros tenemos elementos táctiles que sustituyen a la forma visual».
Esta guía y monitora de actividades al aire libre recalca que, cuando decidió emprender con Sentir el Alto Tajo, buscó qué actividades inclusivas se desarrollaban en España y ella y Jiménez se dieron cuenta del «vacío que había». «No había muchas opciones. Ahora empieza a haberlas. Pero lo que tenemos que ver es que haya opciones de calidad y que sigan toda la cadena de la accesibilidad», desde el transporte hasta llegar al punto de encuentro hasta el apoyo en las caminatas.
Desde la pandemia, Roselló y Jiménez, que han sido pioneros en proporcionar un turismo accesible para cualquier persona que visite el Alto Tajo, ofrecen consultorías para entidades privadas o públicas que necesiten comprobar si sus instalaciones están correctamente adaptadas.
«En España, se hace algo que parece accesible, lo inaugura el político de turno. ‘Mira qué cartelito en Braille más chulo hemos hecho’, ‘qué audioguía más chula’ o ‘qué rampa para movilidad reducida’. Y luego, no está bien», expresa Gemma Roselló, que se cuestiona: «¿Para qué nos gastamos ese dinero si luego no comprobamos si está bien?». Ellos trabajan con asociaciones y agrupaciones dedicadas a personas con distintas discapacidades para que sean sus propios usuarios quienes «validen el trabajo que hacemos, porque es absurdo hacer cosas accesibles y que no lo aprueben personas con discapacidad».
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Fuente: Discapacidad https://www.20minutos.es/noticia/5715937/0/las-personas-con-discapacidad-se-enfrentan-obstaculos-tambien-cuando-viajan-accesibilidad-turistica-se-ve-como-un-extra/

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