Leemos en Discapacidad la siguiente noticia que os reproducimos de forma íntegra:
En una espaciosa piscina interior, decorada con peces de papel, un grupo de niños pequeños se balancea y flota. Parece una clase de natación, pero hay un detalle clave: todos los alumnos están en el espectro autista. Aquí, no hay silbatos ni grandes grupos, sino instructores que trabajan uno a uno, usando incluso tarjetas para facilitar la comunicación.
El motivo de este enfoque es urgente: los niños con autismo tienen un riesgo de ahogamiento muy superior al promedio. En Florida, donde el agua está presente por todas partes, más de 100 menores en el espectro se han ahogado desde 2021, según el Consejo de Servicios Infantiles del condado de Palm Beach.
«Es un cambio de vida», afirma Lovely Chrisostome. Este invierno, su hijo de 6 años salió solo de casa y deambuló por su vecindario lleno de lagos. Intentó llevarlo a clases de natación públicas, pero se negaba a entrar en el agua. En cambio, en Small Fish Big Fish, su hijo se dejó guiar por una instructora, que respetó sus límites y logró que flotara con calma.
Se calcula que el autismo afecta a 1 de cada 31 niños en EE.UU. Casos trágicos como el de Avonte Oquendo, un adolescente autista hallado en un río de Nueva York tras escapar de su escuela, pusieron el foco en este riesgo. Aunque la investigación es limitada, estudios de 2017 evidencian un mayor riesgo de ahogamiento en este colectivo, derivado de su tendencia a deambular y a no percibir el peligro.
Las historias son desgarradoras: un niño cayó a la piscina por una puerta para perros, otro murió en un canal tras pasar por un agujero en una valla, y una niña se ahogó al trepar una estantería que bloqueaba la puerta. Para evitar más tragedias, se está creando una base de datos nacional.
“Las clases de natación deberían ser un tratamiento de primera línea para el autismo”, opina el doctor Guohua Li, experto en epidemiología y padre de un niño autista.
Las sesiones especializadas pueden marcar la diferencia: incluso niños con autismo severo pueden aprender habilidades básicas de supervivencia en solo ocho horas, según la terapeuta Michele Alaniz.
Sin embargo, muchas familias dudan: el miedo a sobreestimular al niño o haber sido expulsados de otras clases son obstáculos. El alto coste de sesiones privadas también supone una barrera. Por eso, programas específicos y accesibles son fundamentales.
“Contar con alguien que entienda a un niño en el espectro es esencial”, dice Lindsey Corey. Su hijo, tras fracasar en clases convencionales, ha progresado gracias a instructores formados por la Autism Society.
A nivel global, la formación especializada está creciendo. Desde 2016, 1.400 profesionales han tomado el curso online de Autism Swim, una organización benéfica australiana.
En Florida, el Consejo de Servicios Infantiles del condado de Palm Beach invirtió más de 30.000 dólares en formación y clases, colaborando con entidades como la Autism Society y la escuela Small Fish Big Fish.
El cambio es palpable. Niños que al principio ni subían al autobús, ahora corren hacia la piscina. Ejercicios como flotar con una tabla o sumergir la cara se han convertido en momentos de alegría y avance.
“Es intrépida al punto que da miedo”, comenta una madre. “Así que esto es realmente importante. Les está salvando la vida”.
La instructora Melissa Taylor observa, acompaña y sabe cuándo parar. Cada gesto cuenta, cada reacción es leída con cuidado. Y aunque no todos se quedan toda la sesión, todos se van con un paso más dado. Lovely Chrisostome, al ver a su hijo salir del agua con una sonrisa, no duda: “Lo que más me sorprende es la felicidad que muestra”.
Fuente: Discapacidad https://www.20minutos.es/noticia/5715018/0/clases-natacion-adaptadas-para-salvar-vidas-ninos-con-autismo-estados-unidos-ante-alto-riesgo-ahogamiento/

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