Leemos en Discapacidad la siguiente noticia que os reproducimos de forma íntegra:
La música como herramienta de libertad, como vía de expresión, como impulso vital. En el Día Mundial del Arte, la historia de Mario, Iker y Aarón no solo emociona, sino que inspira. Los tres han sido becados por la Fundación SIFU con las becas Superarte, que apoyan el desarrollo artístico de jóvenes con discapacidad. Y los tres, a través de su relación íntima con la música, demuestran que la inclusión no se exige: se construye, nota a nota.
Iker: «Sin arte me costaría vivir»
Iker López tiene 19 años, es de Mataró y toca el piano en el Liceo de Barcelona. Es autista y, aunque las palabras a veces se le resisten, con la música lo dice todo. «Es como si solo existiéramos el piano y yo», explica sobre esa sensación que tiene cuando interpreta una pieza. Añade: «Me evado de todo, solo estoy yo y el piano. Me da mucha paz».
Iker no concibe la vida sin arte. No como adorno, sino como esencia: «Para mí la vida es arte. No es que el arte sea una parte de la vida, sino que la vida misma es arte». Empezó a tocar el piano a los 13 y desde entonces no ha dejado de formarse. Es metódico, estudia en casa y corre cada día para despejarse y encontrar nuevas ideas. Su sueño es ser concertista, pero no solo por vocación: «Quiero ayudar a otros como la música me ha ayudado a mí».
Las becas Superarte han sido un impulso clave en su desarrollo. Y aunque nunca ha pedido adaptaciones para tocar, sí utiliza cascos en los exámenes teóricos para aislarse del ruido. Considera que su autismo le ha hecho enfrentarse a dificultades, pero también le ha dado una sensibilidad especial: «En algunas cosas me cuesta más, pero en otras, me facilita. Y hay que aprender a ver eso».
Quiero compartir mi música con los demás y que les sirva para sentirse mejor. Esa es mi forma de ayudar
Mario: ritmo, pasión y actitud rockera
Mario Peña tiene 14 años, es de Córdoba y toca la batería, además de cantar y dominar otros instrumentos como la flauta, el ukulele o el travelsax. Tiene una discapacidad física por el síndrome de Hajdu-Cheney, una enfermedad rara que a veces le obliga a tocar con el pie escayolado. Pero eso no le detiene: «Me siento contento, satisfecho por lo que he trabajado y por haber llegado hasta aquí».
Su energía es contagiosa. Elige la batería porque la considera «lo principal en una banda» y le gustan los ritmos pegadizos. Entre sus referentes musicales están Nirvana, Guns N’ Roses, Gorillaz o Imagine Dragons. Y aunque le gusta cantar, se siente más atraído por los instrumentos.
La música le ha sido inculcada en casa, por su padre, su hermano y su tío. Y ahora, gracias a la beca Superarte, puede continuar su formación en batería, con la que se siente libre: «Me motiva tocar delante de gente, porque siento que todo lo que he aprendido sirve para algo».
Mario lanza un mensaje directo a otros niños y niñas con discapacidad: «Que se apunten a la música, que no hay nada imposible».
Tocar delante del público me motiva: es como demostrar que lo aprendido tiene sentido
Aarón: cuando el violín se convierte en voz
Desde Murcia, Aarón Moratón, de 12 años, demuestra que empezar a tocar un instrumento con solo dos años puede cambiarlo todo. Es autista y toca el violín. Pero, más allá de la técnica, lo que le mueve es la emoción: «Cuando toco, me imagino historias, como si estuviera pasando algo, como en una película».
Su formación es integral: estudia en un instituto integrado con el conservatorio, recibe clases particulares y viaja una vez al mes a Barcelona para formarse en la Escola Superior de Música de Catalunya (ESMUC). Allí también aprende improvisación, una disciplina que ha empezado a explorar con interés.
Su rutina es exigente, pero la música le llena. Le gusta recibir clases, tocar en orquestas (forma parte de la Orquesta de Talentos de Cartagena y de la de mayores) y, sobre todo, compartir lo que hace con los demás: «Hacer música para mí es intentar que la gente se sienta bien».
En casa siempre ha contado con el apoyo de su padre, que le acompaña al piano y le ayuda en sus ensayos. Aunque reconoce que a veces se enfada o se frustra si algo no sale, ha aprendido una lección valiosa: «Todo el mundo se equivoca. No hay que compararse con los demás. Hay que seguir adelante».
Para mí la música es una forma de hablar, de expresar lo que siento
Las becas Superarte de la Fundación SIFU se dirigen a personas con discapacidad con talento artístico, especialmente en el ámbito musical. No se trata solo de apoyar una afición, sino de invertir en un proyecto de vida. Las historias de Iker, Mario y Aarón lo demuestran: cada beca es una oportunidad real para crecer, para formarse y para demostrar que el arte, cuando se vive desde dentro, rompe cualquier muro.
En este Día Mundial del Arte, su testimonio resuena como una sinfonía compartida: la música no es solo sonido. Es camino. Es identidad. Es lenguaje. Es hogar.
Fuente: Discapacidad https://www.20minutos.es/noticia/5700800/0/mario-iker-aaron-tres-jovenes-con-discapacidad-que-encuentran-musica-su-forma-vida/

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