Leemos en Discapacidad la siguiente noticia que os reproducimos de forma íntegra:
Adam Hanus tiene 15 años y toca la trompeta. Con 2 años fue operado en el Hospital Sant Joan de Deu de Barcelona. Es sordo. Le pusieron implantes cocleares. Desde entonces puede oír.
Una de las tareas de la doctora María Antonia Claveria era hacer seguimiento a estos chavales operados e implantados. Durante años de tratamientos médicos también charlaban de sus vidas. Fue en una de estas charlas cuando uno de los chavales le dijo que había empezado a tocar la trompeta. Con el tiempo otro le comentó que tocaba la guitarra. Más adelante otro la batería… “Esto no es normal, tenemos que hacer algo, ¡esto se tiene que saber!”, se dijo María Antonia.
El protocolo que se sigue con los implantados incluye un arduo trabajo para que adquieran el lenguaje. El lenguaje, lo que a nadie se le ocurrió fue pensar en hacer música.
“Yo empecé a tocar porque mi madre hacía música. Empecé con 8 años con la trompeta”, cuenta Adam.
La doctora dice que la sordera es una discapacidad invisible, de ahí su empeño en visibilizarla. Habló con el hospital sobre la posibilidad de organizar un concierto de estos chavales implantados, pero la cosa no terminó de cuajar. Pasó el tiempo y a María Antonia no se le iba la idea de la cabeza. Un día en una reunión con Fundación Gaes Solidaria sacó el tema y caló. Unieron fuerzas y organizaron con éxito en 2019 un concierto en el hospital.
“Queríamos demostrar que cualquier persona que tenga una discapacidad en el oído podemos hacer cosas. Quizás tengamos que hacer más esfuerzo pero podemos llegar”, cuenta Adam.
El patio de butacas estaba lleno y entre el público se encontraba Jordi Cos, presidente y viola de la Orquesta Sinfónica del Vallés. Al terminar el concierto, se unió a la iniciativa. “Jordi nos dijo que esto no podía quedar así”, recuerda María Antonia. Y así fue como la orquesta de implantados cocleares que se unió para dar un concierto en el hospital donde los trataban, se acabó convirtiendo en la Joven Orquesta Graeme Clark en honor a uno de los pioneros del implante coclear.
El concierto también fue importante porque entre el público estaban niños recién implantados con sus familias. “Los niños de la orquesta eran un ejemplo de que con el tratamiento podrían no solo hablar, sino hasta tocar un instrumento. Es una orquesta que los fortalece y empodera después de todo el esfuerzo que hacen en el tratamiento”, dice María Antonia.
“Esta orquesta es una lección que ellos están dando de superación, de madurez, de desarrollo a pesar de las dificultades”, defiende Jordi, su director. “Cómo afronto esta discapacidad y cómo la supero. Tienen una capacidad de superación que otros niños no tienen”.
Gracias también al apoyo de Fundación Gaes Solidaria la orquesta siguió adelante con profesores de música que se adaptaron a sus necesidades.
“A mí tocar me mejora la atención, estar atento a qué nota sale, tu manera de escuchar”, cuenta Adam. “Es diferente tocar si no tienes discapacidad en el oído. He tenido momentos difíciles estudiando la trompeta porque era muy complicado. Cuando tocas tienes que saber si está afinada y qué nota es exactamente, pero a través de un aparato electrónico (el implante) es muy difícil. Solo lo sabes si llevamos años. Con el tiempo te acostumbras y ahora ya no me resulta tan difícil, aunque sigo teniendo dificultades”.
El repertorio de la orquesta incluye temas como Guantamera, Hallelujah o We are the champions (su lema). “A mí me gustaría tocar canciones clásicas, pero se necesitan como cuarenta violines y nosotros no tenemos”, dice Adam.
Adam nota en su vida la disciplina que le ha inculcado la música. “Esto te ayuda en los estudios. Además creo que te abre la mente a diferentes puntos de vista porque cuando hablo con compañeros que hacen música se nota que no tienen la misma opinión en las cosas que los demás”.
El Vaticano
Con la pandemia la orquesta quedó en un prolongado silencio. Pero María Antonia no se olvidada y pensó que lo mejor sería idear algo para volver a lo grande y así devolver la ilusión a todos los participantes en el proyecto. Nuevamente volvió a contar con el apoyo de Fundación Gaes para el que resultó ser su proyecto más (aparentemente) descabellado.
Se le ocurrió escribir al papa. Y le contestó. Así fue como la orquesta acabó dando un concierto en la plaza de San Pedro. “Cuando terminó el concierto vino un soldado y nos dijo que fuéramos con él. Yo no me lo creía pero sí, nos llevó a ver al papa. Nos saludó a todos y nos hicimos una foto con él. Fue una experiencia inolvidable”, recuerda Adam contento.
“Yo le ofrecí al santo padre el concierto para que el mundo pudiera conocer esta orquesta”, explica María Antonia. “Es importantísimo saber que esta discapacidad tiene tratamiento para personas de cualquier edad. Hay que batallar para que esto se sepa”.
“Cuando nos aplauden siento orgullo, felicidad. Después del concierto del Vaticano fuimos a dar una vuelta y se nos acercarnos dos señoras que nos reconocieron y nos dijeron ¡vosotros sois los que habéis tocado en la plaza! Les dijimos que sí. Fueron nuestras primeras fans y nos hicimos fotos con ellas”, recuerda Adam.
“Tener la orquesta de sordos es algo bueno”, cuenta Adam. “Para mí no es igual estar con otros sordos que con gente que no ha pasado por lo mismo o parecido a lo mío. Nos entendemos. En Roma un compañero perdió la mochila con sus implantes y no te imaginas lo asustado que estaba. Yo lo entendía porque perdí mi caja de la batería de implantes y el cargador. No es que no sea nadie sin escuchar, pero estar sin escuchar a mí me cuesta. El primer día de conocernos ya tenía un vínculo con ellos y eso es lo que tiene especial la orquesta”, concluye.
Fuente: Discapacidad https://www.20minutos.es/noticia/5660990/0/orquesta-implantados-cocleares-queriamos-demostrar-que-podemos-hacer-cosas/

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