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Disfagia, una patología tan frecuente como infravalorada: «No tratarla puede tener consecuencias fatales»

Leemos en Discapacidad la siguiente noticia que os reproducimos de forma íntegra:

Según datos de la Sociedad Española de Otorrinolaringología (SEORL), en España hay más de 2,5 millones de personas con disfagia, la mayoría sin diagnosticar.

Presente en multitud de enfermedades, como la degenerativas o las demencias, la disfagia repercute de manera muy directa en la calidad de vida de las personas que conviven con ella, y muy especialmente, en su salud, pues incide de manera directa en la alimentación y la nutrición.

Para diagnosticarla, tratarla y evitar o minimizar las consecuencias derivadas de ellas encontramos sobre todo dos especialidades: la otorrinolaringología y la logopedia.

Como explica el Dr. Ignacio Jiménez Huerta, médico otorrinolaringólogo, «la disfagia es una situación anormal que sufren muchas personas de cualquier edad y hace que no puedan alimentarse adecuadamente, ya sea masticando o moviendo nuestra lengua o, como en otros casos, la comida se atasca en la garganta o se dirige hacia los pulmones en vez de hacia el sistema digestivo, creando situaciones que pueden ser muy peligrosas. También existen multitud de enfermedades del esófago, impiden una alimentación normal y, por tanto, producen disfagia».

Aunque son muchas las patologías que conllevan disfagia, las que más preocupan a los profesionales son las enfermedades que provocan disfagia a largo plazo, como las algunas enfermedades congénitas, los trastornos de la alimentación, algunas enfermedades autoinmunes, las secuelas de intervenciones quirúrgicas, tumores, accidentes, afecciones del sistema digestivo o enfermedades como la ELA (esclerosis lateral amiotrófica), «en las etapas más avanzadas de la vida los ictus y las demencias son las causas más frecuentes. En las personas con demencia, hasta 9 de cada 10 de ellas, padecen disfagia y lamentable y frecuentemente, es una de las causas del fallecimiento«, explica

Se trata, además, de una situación infravalorada y que, como apunta el Dr. Ignacio Jiménez «sólo quien la padece o aquellos que están alrededor del que la sufre ven el deterioro tan significativo que produce la disfagia». Al fin y al cabo, dificulta llevar a cabo una función básica y fundamental en el ser humano, que es la alimentación, «la dificultad o imposibilidad para poder ingerir alimentos y/o líquidos puede provocar complicaciones severas como desnutrición, deshidratación, inmunodepresión, pérdida de masa muscular, de fuerza, un mayor riesgo de agravar enfermedades médicas subyacentes, neumonía por aspiración, que puede acarrear situaciones muy complicadas», insiste.

Además, más allá de lo físico, puede generar problemas psicosociales como aislamiento, ansiedad, frustración y depresión, «en algunos casos, dependiendo de la circunstancia y de la complejidad de la situación puede limitar la autonomía de la persona, ya que será necesaria la asistencia para una alimentación, segura y eficaz», añade.

Sólo quien la padece o aquellos que están alrededor del que la sufre ven el deterioro tan significativo que produce la disfagia

¿Cómo se diagnostica la disfagia?

Saber que si una persona tiene o no disfagia no es fácil. En primer lugar, se hace un cribado, unas pruebas sencillas quepueden realizar profesionales no facultativos como enfermeras y su misión es poder detectar aquellos pacientes con alta probabilidad de disfagia para que sean evaluados por un Equipo especializado en trastornos de la deglución.

Este equipo es el que realiza el diagnóstico a través de varias pruebas más complejas, «lo ideal es que sea realizada por un equipo constituido por profesionales con alta formación y comprensión de la patología y su tratamiento. Estos Equipos deben contar con un Especialista en Otorrinolaringología y un Logopeda al menos. Otras muchas Especialidades médicas están implicadas en los trastornos de la deglución y son parte fundamental; Médicos Rehabilitadores, Médicos Nutricionista/Endocrinólogos, Médicos del Aparato digestivo, Neurólogos, Radiólogos, Pediatras e incluso Psicólogos, Terapeutas ocupacionales y en general, todos aquellos profesionales que se hayan formado y capacitado adecuadamente».

Las pruebas para la evaluación más utilizadas son la Videoendoscopia de la deglución (VED o FEES como acrónimo en inglés de Fiberoptic Endoscopic Evaluation of Swallowing) que realiza el Otorrinolaringólogo. Adicionalmente, la Videofluoroscopia (VFS) que es una elaborada prueba radiológica de ámbito hospitalario y muy útil en edad pediátrica.

Además, existen otras muchas para cada situación particular como el Test de EVANS para pacientes traqueotomizado, «entre todas, destacar una de las más importantes a nivel mundial, ideada, desarrollada y extendida por uno de los mejores grupos en el ámbito de la Disfagia en España. Se trata del Método de Exploración Clínica Volumen-Viscosidad ó MECV-V (Dr. Pere Clavé y Equipo del Hospital de Mataró)».

En la evaluación también entra el juego el papel del logopeda, que, además de apoyarse o realizar algunas de las pruebas antes mencionadas, puede, como explica Gemma Martín Cebolla, logopeda especializada en disfagia, «observar síntomas como atragantamientos, degluciones múltiples, incapacidad para la elaboración del bolo alimenticio, la presencia de tos o de una voz húmeda tras la deglución».

Los logopedas estamos especializados en la rehabilitación de los músculos y funciones implicadas en la deglución, pero la simbiosis entre el otorrino y logopeda es una fórmula extraordinaria

Logopeda y otorrino, la simbiosis perfecta

La colaboración del Logopeda y el otorrino es clave, no solo para diagnosticar la disfagia, también para tratarla, «los logopedas estamos especializados en la rehabilitación de los músculos y funciones implicadas en la deglución, pero la simbiosis entre el ORL y Logopeda es una fórmula extraordinaria para una evaluación exhaustiva, identificar el origen del problema y diseñar un plan de intervención personalizado«, explica Gemma Martín.

Este plan puede incluir «ejercicios específicos para fortalecer los músculos, técnicas para mejorar la coordinación al tragar y ajustes en la postura o la dieta para prevenir complicaciones como la aspiración o la desnutrición. Su enfoque integral no solo mejora la capacidad de deglución, sino también la calidad de vida del paciente, devolviendo seguridad y autonomía en un aspecto vital del día a día», añade Gemma.

Además, para que el tratamiento rehabilitador sea óptimo y el paciente alcance todo su potencial, también pueden intervenir otros profesionales de la salud, por lo que puede llegar a intervenir un extenso equipo multidisciplinar formado además por «cirujanos, endocrinólogos en los pacientes desnutridos, profesionales en psicología, la terapia ocupacional y la fisioterapia, que cumplen también un rol clave para el éxito de la rehabilitación de la deglución».

Esta recuperación dependerá de muchos factores, pues hay pacientes en los que, más que pensar en una recuperación, es más factible pensar en prolongar al máximo la calidad de vida, «existen enfermedades crónicas, degenerativas y progresivas en las que se debe atender especialmente a los pacientes más frágiles y trabajar junto a ellos y su familia para poder mantener las funciones de alimentación normal el mayor tiempo posible», explica el Dr. Jiménez.

En otras, en cambio, la recuperación sí es posible, por ejemplo, aquellos cuya causa en un evento agudo (un accidente, un ictus o las secuelas de una intervención quirúrgica), «en potencia tienen muchas posibilidades de mejorar e incluso llegar a una situación de normalidad con un tratamiento específico. Es un verdadero reto tratar a los pacientes con disfagia y siempre existe margen de mejora, siempre debemos poner todos los recursos a nuestro alcance para conseguir que los pacientes tengan una atención excelente».

Es un reto tratar a pacientes con disfagia y siempre existe margen de mejora, por eso siempre debemos poner todos los recursos

El tiempo de recuperación dependerá, también de muchos factores, como la etiología de la disfagia, su gravedad y el trabajo e implicación en el tratamiento del propio paciente, así como su respuesta individual, «no existe un tiempo determinado. La palabra clave es ‘individualización del tratamiento’. Por lo general, los tratamientos de disfagias leves que no presentan una afección especialmente grave de los músculos o de los pares craneales implicados, se pueden resolver satisfactoriamente en un periodo de tiempo corto. Sin embargo, aquellas más complicadas como las provocadas por enfermedades neurodegenerativas, el tratamiento puede extenderse durante meses o incluso años, requiriendo ajustes continuos. La clave del éxito está en una apurada evaluación y un plan de tratamiento especializado y elaborado por un equipo experimentado donde imperan la constancia y el seguimiento, ya que la disfagia puede ser fluctuante y necesita intervenciones adaptadas a la evolución del paciente», aclara Gemma Martín.

El plan de intervención logopédica se plantea entonces, desde diferentes enfoques, «por un lado, incluye la realización de ejercicios de entrenamiento muscular, la aplicación de ejercicios y técnicas para mejorar la motricidad y la sensibilidad, también una adecuada adaptación de la dieta y, en algunos casos, apoyo de dispositivos de electroestimulación para grupos musculares específicos, sistemas de asistencia para mejorar la postura durante las comidas o el empleo de dispositivos para facilitar la expulsión de las secreciones».

Pocos logopedas en la sanidad pública

A pesar de que el papel del logopeda es esencial para el tratamiento y la recuperación de las personas con disfagia, apenas existe esta figura en la sanidad pública española, y esto tiene consecuencia una peor calidad de vida de estos pacientes, «la evidencia científica avala en una multitud de estudios que la terapia logopédica para este tipo de casos mejora la calidad de vida del paciente, previene complicaciones y reduce la presión asistencial. Por eso, es urgente que el sistema público reconozca esta necesidad para garantizar una atención integral y accesible».

De hecho, esta es una reivindicación histórica, tanto de pacientes como de profesionales, «los logopedas reivindicamos nuestra inclusión en el sistema sanitario público como profesionales perfectamente competentes e imprescindibles para el tratamiento de la disfagia. Hay muy pocos logopedas en la sanidad pública, esto se debe a varios factores como por ejemplo la falta de recursos en el sistema de salud y la sobrecarga asistencial de los pocos que les permiten trabajar en hospitales de la Seguridad Social. Sin una intervención especializada, la disfagia puede derivar en desnutrición, infecciones que pueden ser fatales, estancias hospitalarias prolongadas que deriva en un aumento del coste sanitario. Es un hecho que, hoy en día no hay suficiente conciencia por parte de los profesionales de la medicina y de la población en general sobre la importancia del logopeda en el manejo de esta condición, lo que lleva a que muchos pacientes no sean derivados a tiempo para recibir la atención adecuada», se queja Gemma.

En esta misma línea, Ignacio Jiménez quiere dejar claro que no tratar la disfagia a tiempo y adecuadamente, «las consecuencias pueden llegar a ser fatales, sobre todo en los pacientes más frágiles».

La mejora de la calidad de vida de las personas con disfagia requiere, por tanto, un enfoque integral que combine la atención médica, social y educativa.

Fuente: Discapacidad https://www.20minutos.es/noticia/5662982/0/disfagia-una-patologia-tan-frecuente-como-infravalorada-no-tratarla-puede-tener-consecuencias-fatales/

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