Leemos en Discapacidad la siguiente noticia que os reproducimos de forma íntegra:
Según datos de Cermi Comunidad Valenciana, la DANA que afectó a la provincia de Valencia el pasado 29 de octubre ha impactado de una manera u otra en más de 1.600 personas con discapacidad y sus familias. Algunas de estas familias han perdido la vivienda, bienes materiales indispensables para la calidad de vida de estas personas como material ortoprotésico, vehículos … o se van visto afectados a través de los centros a los que acuden o por haber han visto interrumpidas rutinas y terapias indispensables para mejorar su calidad de vida.
Cristina es la madre de Atenea, una niña de nueve años con síndrome de Down a la que la DANA, como al resto de sus vecinos, puso su vida del revés. Sin embargo, a diferencia de la mayoría de ellos, ella no entiende qué pasa a su alrededor, por qué se pasa casi todo el día en casa con su madre, por qué tiene que ponerse las botas de agua lo poco que sale de casa o por qué no puede ir al colegio de educación especial al que acude desde hace unos meses, «antes iba a un cole ordinario, justo este año había empezado en un colegio de educación especial y estaba muy contenta», asegura su madre.
Por suerte, viven en un segundo y su casa está intacta, pero ahora, ir al colegio se ha convertido en una misión imposible. El colegio está en otra localidad, a 10 minutos en coche, pero la DANA arrastró los dos vehículos que tienen en casa, uno recién estrenado. En este momento, no pueden comprar uno e ir al colegio andando no es viable para Atenea. Cristina tiene que esperar a que los autobuses vuelvan a entrar en Benetússer, el pueblo en el que viven y que ha sido uno de los más golpeados por la riada, «hablamos con el ayuntamiento y no saben nada, pero al menos hasta principios del mes que viene no creo que vuelvan a entrar los autobuses al pueblo», se lamenta.
Mientras tanto, están en modo supervivencia. Por un lado, porque como no están los supermercados abiertos, tiene incluso que racionar la comida, el agua y el gas butano, y por otro, porque se las tiene que apañar para mantener ciertas rutinas en casa, tan importantes para cualquier niño, especialmente con necesidades especiales como ella, «me da mucha pena decirles, tanto a ella como a su hermana pequeña, que no puedo darles tanta fruta o que las duchas tienen que ser más cortas, pero ahora es lo que toca. Yo se lo explico, y la verdad es que se conforma. Me da mucha pena porque, aunque se resigna, no sé hasta qué punto lo entiende, porque no habla y no me lo puede explicar. Yo veo que le afecta, porque es muy sensible a todo lo que pasa a su alrededor, pero no me puede expresar».
Lo que sí ha notado Cristina, sobre todo los primeros días, es que está más alterada y necesita más contacto físico de lo habitual, consecuencia de notar que todos están más tensos de lo normal -aunque disimulen- y por la pérdida de rutinas, «el día después de la riada, me acerqué a ver mi puesto de trabajo, una juguetería de Benetússer que ha salido en todos los medios porque ha sido saqueada y van a tener que cerrar. Al volver a casa, yo tenía con mucha ansiedad y mi hija no solo me abrazó, sino que empezó a arañarse a sí misma y a ponerse muy nerviosa. Y eso no es nada habitual en ella, casi nunca tiene crisis», asegura.
Aunque el desastre no les ha tocado de manera directa, lo notan mucho, los días se nos están haciendo muy largos
Como ahora no trabaja, Cristina intenta mantener una serie de rutinas e incluso trabajar ciertas cosas en casa, pero no es lo mismo, «intento mantenerla entretenida, que trabaje un poco en casa… pero el encierro le está afectando, es casi como en la pandemia y como son niños que necesitan mucha rutina, aunque el desastre no les ha tocado de manera directa, lo notan mucho, los días se nos están haciendo muy largos» reconoce.
Aunque queda mucho por hacer, reconoce que los días más duros fueron los primeros, cuando estuvieron sin agua, sin luz y sin cobertura, «la situación sigue siendo muy precaria, pero ya estamos mejor. Lo que más nos falta es el colegio y sus terapias. Tiene dos terapias a la semana en Asindown, nuestra asociación, y son terapias que a ella le encantan, está muy apegada a su logopeda, Guillermo y ahora no lo ve. Está muy desubicada».
En su caso, las terapias on line son inviables, así que están deseando que el pueblo sea más transitable para poder también retomarlas de manera presencial «a casa no ha venido ningún voluntario ni ningún asistente social del pueblo, pero sí que se han acercado varios profesionales de Asindown, como Sandra y Lydia, que nos trajeron material sensorial para mi hija Atenea, nos han echado una mano con las niñas y hasta se han acercado a casa a entretenerlas porque mi hija Atenea es muy social y le hace mucha falta el contacto humano. Al final lo que hago es hablar mucho con ellos y me guían para que pueda hacer cosas con ella en casa, pero claro, no es lo mismo, y soy madre no terapeuta ni profesora», dice preocupada, «ahora lo que más necesita Atenea, además de volver al colegio, es estar con alguien que no sea conmigo, con visitas, que vaya saliendo… necesita mucho socializar».
Además, en su caso, está prácticamente todo el día sola con ellas, “mis padres casi no pueden venir porque vienen en un quinto y aún están sin ascensor, y mi marido trabaja desde el tercer día. Se va a las 4 de la mañana y el jefe los recoge al otro lado del pueblo, así que la mayor parte del tiempo estamos solas las tres. Estamos con las ventanas cerradas y cuando puedo, les pongo las mascarillas, pero Atenea no las tolera, se ahoga. No sé cómo le afectará todo esto a ella en un futuro”, dice preocupada, «espero que para principios del mes que viene pueda venir el autobús, pero la normalidad, sobre todo su normalidad, va a tardar…», concluye resignada.
Fuente: Discapacidad https://www.20minutos.es/noticia/5655979/0/atenea-con-sindrome-down-no-puede-ir-su-colegio-educacion-especial-por-culpa-dana-es-que-mas-necesita/

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