Leemos en Discapacidad la siguiente noticia que os reproducimos de forma íntegra:
Por suerte, cada vez se habla más de salud mental y se está poniendo más el foco en unas patologías que representan, según datos de la OMS, casi el 20% del total de enfermedades en Europa. De hecho, los problemas relacionados con la salud mental afectan a una de cuatro personas en algún momento de su vida.
Dentro de estas patologías o trastornos, se está consiguiendo que se visibilicen muchas, como la depresión o la ansiedad, pero hay otras sobre las que todavía pesan prejuicios, estigmas y, sobre todo, mucho desconocimiento, como la esquizofrenia o el trastorno bipolar.
Entre estas patologías desconocidas y estigmatizantes encontramos la patología dual, que se puede definir como «la existencia simultánea o secuencial a lo largo del ciclo vital de un trastorno adictivo y otro trastorno mental».
Se trata de una patología muy compleja que muchas veces, ni los propios médicos saben cómo abordar de manera conjunta, a pesar de que la comorbilidad entre las enfermedades mentales y las adicciones es muy elevada. De hecho, según datos de la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD) y de estudios epidemiológicos internacionales, la dependencia a sustancias se da entre el 70 y el 80% en los pacientes con esquizofrenia, en más del 60% en los pacientes con trastorno bipolar, en más del 70% en los trastornos de personalidad graves y en el 30% en los trastornos por ansiedad, depresión y TDAH.
Se habla, incluso, de que el origen de estas comorbilidades, es decir, la propia patología dual, se encuentre dentro de los trastornos del neurodesarrollo, pues se trata de trastornos que comienzan en edades tempranas en el desarrollo, están intervenidos por factores genéticos, neurobiológicos y medioambientales y, una vez que aparecen, continúan toda la vida y afectan mucho a la calidad de vida de las personas y a los que los rodean.
Cómo empieza la patología dual
La patología dual es una enfermedad muy compleja y muy incapacitante que suele presentarse ya en la adolescencia, cuando, a los cambios fisiológicos y psicológicos de esta etapa, hay que añadir que es a esta edad cuando se suele tener el primer contacto con sustancias y conductas adictivas.
A partir de ahí, existe una línea roja difícil de definir, pues en muchos casos es la presencia de un trastorno no diagnosticado la que lleva a la adicción y en otros, es el consumo de drogas el que lleva a la enfermedad mental. Como explica Pepi, de Fedepadual -Federación Española de Patología Dual-, «a esta patología se llega, según se está estudiando ahora, a través de una vulnerabilidad. Las personas vulnerables a la enfermedad mental tienen más predisposición a las adicciones», aclara.
Pepi, cuyo nombre real nos pidió mantener en el anonimato para evitar el estigma, es madre de una persona con patología dual y ha podido comprobar, a lo largo de todos estos años, ese proceso en su hijo, «tardó mucho en ser diagnosticado, y lo primero que le diagnosticaron fue un trastorno límite de personalidad (TLP). Este trastorno genera muchas dificultades a nivel social, comunicación con la familia, aislamiento… Y esto lleva, como en el caso de mi hijo, a consumir alcohol y porros para desinhibirse y generar esas relaciones sociales que, de otro modo, le cuesta. Y así empezó, en la primera juventud, a consumir, y tras consumir, vinieron los fracasos académicos y de todo tipo, pues después de la adicción vinieron otros problemas», recuerda.
A la patología dual se llega a través de una vulnerabilidad. Las personas vulnerables a la enfermedad mental tienen más predisposición a las adicciones
Esto puede pasar, explica, en caso del TLP, pero también de otros trastornos, como «depresión, ansiedad, TDAH o TOC, enfermedades que causan un malestar que ellos buscan calmar consumiendo determinadas sustancias. El problema es que con ese consumo se van abriendo unos circuitos neuronales de escape al consumo rápido, obtienen una recompensa inmediata que no consiguen, por ejemplo, con una medicación».
Además, en muchos casos, son trastornos sin diagnosticar, por lo que, cuando empiezan a consumir no saben que tienen otras alternativas para calmar ese malestar, como terapias psicológicas o medicación, «a la adicción se llega por un malestar emocional que uno tiene y que trata de calmar usando lo que tiene a su alcance, que suelen ser distintos tipos de productos que alteran el cerebro, como cannabis, cocaína o alcohol. Ese malestar se calma por la vía equivocada, en lugar de tratarse con un psicólogo o con una medicación controlada, lo hacen con sustancias que perjudican al cerebro», explica.
También puede ser que síntomas como la impulsividad -muy común en TDAH y TLP-, les lleven a consumir sin pensar, «en muchos de estos casos, de haber detectado y tratado ese trastorno o enfermedad a tiempo, nunca se habría llegado a esa adicción ni, por tanto, a la patología dual», añade Pepi.
En otros casos, la patología dual se desencadena en sentido contrario, es decir, «muchas de estas personas, si antes no tenían enfermedad mental o la tenían solo latente, se le desencadena por el consumo de estas sustancias. Por ejemplo, esto es habitual en el caso de la esquizofrenia. En menos de un año de consumo, el cannabis puede desencadenar brotes psicóticos, y si tienes dos o tres seguidos, ya es una esquizofrenia, que es una enfermedad grave y es para toda la vida. El que es vulnerable a la adicción, se convierte en adicto y el que es vulnerable a la enfermedad mental, se la desencadena», lamenta.
De haber detectado y tratado a tiempo ese trastorno o enfermedad, no se habría llegado a la adicción
Estigma y falta de tratamientos integrales
El tratamiento, al igual que la patología dual, es muy complejo y se aborda, según se quejan las familias, de manera incompleta y equivocada. Por un lado, como se queja Pepi, porque «la salud mental sigue siendo la hermana pobre de la salud, y no se destinan todos los recursos necesarios». Y por otro, porque no se abordan de manera conjunta ni completa, pues si hay pocos psiquiatras, los psicólogos en la sanidad pública son y casi inexistentes, «mi hijo tiene citas cada cuatro meses con el psiquiatra del centro de salud mental, y la psicóloga clínica, en tres años, lo ha visto una sola vez. Y la salud mental no se trata solo con pastillas, hay que hacer un trabajo psicológico, pero faltan muchos psicólogos clínicos implicados en hacer las terapias adecuadas», asegura.
No existen suficientes psicólogos ni siquiera en los centros de media y larga estancia, unos centros que, además, no tienen unidades específicas de patología dual, no saben o no se quiere, como se queja Pepi, tratar el conjunto, «ahora mismo, si vas a un centro de salud mental y dices que eres adicto, te mandan a uno de adicciones, como si fueran cosas distintas, cuando ambas tienen su origen en el cerebro. Si van juntas, porque ambas son enfermedades mentales, deberían tratarse juntas«.
A esto se une que hay muchos sanitarios que no quieren tratarlos si son adictos, «hacen juicios morales, como si fuera culpa suya, cuando las adicciones son enfermedades, pero muchos, incluso algunos médicos, los tratan como si solo fueran viciosos. Falta investigación y mucha concienciación, el estigma de un enfermo de salud mental hace pensar que tiene la culpa de sus comportamientos, algo que no pasa con los síntomas cuando la enfermedad es física».
«El enfermo mental, y más cuando tiene una adicción, genera», asegura con angustia, «incluso repulsión, porque a veces cuesta distinguir al síntoma del propio ser querido, de las personas, porque sus síntomas suelen traducirse en conductas que hieren a los que les rodean, pero no son malas personas ni viciosos, son enfermos».
El estigma de un enfermo de salud mental hace pensar que tiene la culpa de sus comportamientos, algo que no pasa con los síntomas cuando la enfermedad es física
Discapacitante, incapacitante y muy dolorosa para las familias
La patología dual produce altos grados de discapacidad e incapacidad en muchos casos. Son personas que ven muy afectada su autonomía y que tienen, por varios motivos, muy difícil una inserción laboral y social, «muchos ni siquiera pueden trabajar y otros tienen que recurrir al trabajo protegido porque no pueden aguantar muchas horas debido a la medicación. Mi hijo, que tiene casi 40 años, ha trabajado alguna vez, pero es verdad que tiene que estar muy controlado, tomarse la medicación…».
La inserción laboral cuesta, pero es muy beneficiosa para ellos en todos los sentidos, «tratándose debidamente pueden llevar una vida digna, y, aunque es complicado, hay que intentar que trabajen, porque el trabajo les devuelve autoestima, se sienten incluidos, sienten que forman parte de la sociedad».
La adherencia a los tratamientos es otro problema, pues tiene muchos efectos secundarios, como «somnolencia, temblores… habría que investigar un poco más para evitar efectos secundarios tan tremendos. La medicación con ellos a veces se convierte en una lucha, porque muchas veces ellos no tienen conciencia de su propia enfermedad y al ver los efectos que tienen, las abandonan, con todo lo que ello supone».
Y lo que supone para ellos y para sus familias es mucho sufrimiento, sufren por sus familiares, por el estigma y se sienten culpables, «en los 80 se desinstitucionaliza a los enfermos mentales porque se pensó que estaban mejor en su casa, que es cierto, pero hay muchas cosas para las que las familias no tienen recursos, como los problemas de conducta, la actitud… En cierto modo, estamos abandonados».
A los problemas emocionales, se suman, muchas veces, los económicos, «los centros privados a los que a veces no queda más remedio que llevarles, cuestan hasta 10.000 euros al mes, e imagínate cuando la adicción es al juego…».
Todo esto lleva a que muchas familias estén al límite, y, si no fuera por asociaciones como las de Fedepadual, estarían abandonados, «gracias a las asociaciones, asegura Pepi, estamos más orientados, pero es una lucha que dura para siempre, y unas veces se lleva mejor que otras. Raro es el caso de familiares que no tienen que ir ellos mismos a salud mental por problemas de ansiedad o depresión, u otro tipo de enfermedades, porque es muy duro y todo se somatiza, es un sufrimiento tremendo».
Un sufrimiento al que hay que añadir el que provoca el ‘qué dirán’, «todas las familias necesitan tratamiento psicológico, se sienten juzgadas, culpables…»
Y todo por un problema del que, como asegura Pepi, deberíamos sentirnos responsables todos, «me cabrea mucho cómo se banaliza el consumo de drogas porque las consecuencias pueden ser devastadoras, el dolor que provocan las adicciones, tanto en ellos como en sus familias, es horrible y creo que la sociedad no es consciente de eso».
Fuente: Discapacidad https://www.20minutos.es/noticia/5642099/0/patologia-dual-dolorosa-realidad-convivir-con-una-enfermedad-mental-una-adiccion/

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