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Alfonso Bermejo, ginecólogo: «El embarazo de una mujer con discapacidad debería atenderse como de riesgo»

Leemos en Discapacidad la siguiente noticia que os reproducimos de forma íntegra:

El embarazo y el parto son momentos cruciales para la vida de toda mujer que quiera ser madre, tanto a nivel vital como a nivel de salud. Durante este periodo, aunque lo más habitual es que todo salga bien, las mujeres se exponen de una serie de riesgos a los que no se expondrían de no quedarse embazadas, como una mayor probabilidad de sufrir trombosis, hipertensión o de diabetes.

En el caso de las embarazadas con discapacidad, hay algunos estudios que apuntan que este riesgo sería mayor, es decir, que todavía tendrían más probabilidad de tener estas patologías o incluso más riesgo de sufrir complicaciones propias del embarazo, como placenta previa o cesáreas.

Aunque este riesgo existe, sobre todo las mujeres con movilidad reducida, Alfonso Bermejo Calzada, Coordinador de la Unidad Docente de UAX en el Hospital San Francisco de Asís y Ginecólogo del Hospital Ruber Internacional, quiere dejar claro, por un lado, que el riesgo de sufrir estas complicaciones sigue siendo bajo y que, con una atención adecuada y, preferiblemente, más personalizada, estos riesgos no tienen por qué materializarse, «el primer mensaje que hay que mandar a las mujeres con discapacidad que estén o quieran quedarse embarazadas es de tranquilidad», asegura.

Es cierto que si se miran los estudios que hay, como reconoce, «vemos que puede haber, en algunos casos, y dependiendo de la discapacidad, un aumento del riesgo de enfermedades o complicaciones que van asociadas al embarazo y al parto, pero hay que tener en cuenta que es un riesgo que, cuando lo ves en porcentajes, sigue siendo bajo», insiste.

Además, los estudios son pocos y no muy específicos, porque no tienen en cuenta el tipo de discapacidad, sino el conjunto. Así, como explica el Dr. Bermejo, «el riesgo, por ejemplo, de sufrir una trombosis, nunca será lo mismo en una persona que va en silla de ruedas, que tendrá más riesgo de trombosis por una falta de movilidad, que otro tipo de discapacidad». En cualquiera de los casos, ya sea del 0,1 % en el caso de mujeres sin discapacidad, o del 0,6%, el riesgo sigue siendo muy bajo. Si estas mujeres y sus médicos, además, están al tanto de este aumento del riesgo, toman precauciones y están al tanto los síntomas, el riesgo de complicaciones disminuirá.

Son mujeres en las que la tasa de cesárea es mucho más alta, pero es más por el miedo del ginecólogo que porque realmente haya una indicación de que el niño esté sufriendo

Dependiendo de la discapacidad, los riesgos, más que durante el embarazo, pueden darse más en el momento del parto, por eso el riesgo de cesáreas será también mayor, pero este, según cree Alfonso Bermejo, se debe más a la precaución de los médicos, «una mujer que tenga una parálisis de cintura para abajo no podrá participar en el parto activamente igual que una mujer que sí note las contracciones, por ejemplo. Por eso, son mujeres en las que la tasa de cesárea es mucho más alta, pero será más por el miedo del ginecólogo que porque realmente haya una indicación de que el niño esté sufriendo. En las pacientes que los ginecólogos consideramos ‘complejas’ siempre hay más riesgo de cesáreas. Y es una realidad que en el momento en el que te metes en una cesárea, el riesgo de mortalidad, hemorragia postparto, etc. aumenta, porque no deja ser una a cirugía», explica.

Más formación y consultas específicas

Alfonso Bermejo reconoce que, aunque la inmensa mayoría de las mujeres con discapacidad pueden ser madres y tener un embarazo sin complicaciones, no es habitual encontrarse con mujeres con discapacidad en una consulta de obstetricia, son una minoría. Y el que sean una minoría no significa que no se les atienda bien, pero sí que los profesionales no tienen toda la formación que deberían, «lo cierto es que hay poca formación. Como son casos muy concretos y a veces muy aislados, los ginecólogos no recibimos una formación específica, no los forman para tratar pacientes con una determinada discapacidad y eso siempre es un hándicap en la atención».

El que discapacidad sea diversa no ayuda a la formación de los profesionales, pero Bermejo sí considera que esto debería cambiar. Más formación ayudaría a que la atención a estas mujeres fuera más específica y personalizada, «no creo que exista en España, por ejemplo, una consulta específica de pacientes embarazadas con discapacidad, igual que sí existe para embarazadas con diabetes, embarazadas con hipertensión, para embarazos gemelares, con enfermedades autoinmunes… y eso puede ser un hándicap», reconoce.

El tener una discapacidad por sí sola no se considera un embarazo de riesgo, algo que, en su opinión debería cambiar, «salvo discapacidades muy leves, creo que el control debería hacerse más a nivel hospitalario que ambulatorio y en consultas de alto riesgo. No quiere decir que tenga que ocurrir algo, la idea no es asustar, sino ayudar a que el seguimiento sea más personalizado. Así, si una paciente falla en su cita, en un ambulatorio que tiene 50 visitas al día, a lo mejor no te das cuenta, pero en un hospital, que tienes la mitad, sí y vas a poder estar más encima y llamar a una paciente, preguntarle por qué no ha venido… sobre todo en casos de una discapacidad más cognitiva, que pueden requerir más apoyo e información».

Los residentes a veces nos cuentan que se encuentran incómodos manejando estas pacientes porque les faltan recursos, formación, para atenderlas

El Dr. Bermejo considera injusto que, por ejemplo, en La Paz, un hospital de gran prestigio en el que ha trabajado durante años, haya consultas específicas para mujeres embarazadas con diabetes, gemelares o con enfermedades autoinmunes y no haya una específica para mujeres con discapacidad. «Es cierto que hay menos, pero al menos que fueran a alto riesgo para estar más encima desde la primera visita. A lo mejor en el caso de mujer con una discapacidad física leve o en una sensorial, por ejemplo, no tienes que mirar nada específico más, ni cambiar nada en el seguimiento, pero tal vez en la discapacidad cognitiva se podría estar pendiente para que no perdiera citas o controles… y en otros casos con más riesgos sí habría que pedir pruebas o hacer seguimientos adicionales. En cualquier caso, considero que sí deberíamos tenerlas localizadas para darles un trato más personalizado, vigilarlas más de cerca», insiste.

También le gustaría que en las consultas en las que se atendiera a estas mujeres, hubiera más de un especialista, «así como en el caso de una embarazada con diabetes, está presente también un endocrino o en una mujer con una enfermedad autoinmune un reumatólogo, ¿por qué a una embarazada con discapacidad no la atiende también un equipo multidisciplinar en función de su discapacidad, y que tuvieran, por ejemplo, un fisioterapeuta, enfermería, psiquiatría…? Es algo que ya se hace con muchas patologías, pero que no se hace con la discapacidad. Y creo que no se hace, por un lado, porque son pocas pacientes y, por otro, porque la discapacidad es muy diversa, muy difícil de estandarizar y no hay formación».

Es consciente de que puede ser una utopía que hubiera una consulta así en casa hospital, pero sí sería posible en ciudades grandes o, por ejemplo, agrupando pacientes de distintos hospitales, «que hubiera un centro de referencia donde estuvieran más especializados en atender a embarazadas con discapacidad».

También considera indispensable dar una formación específica durante la residencia, «prepararnos mejor para este tipo de casos, porque en los cuestionarios que hacemos a los residentes son ellos mismos los que los que describen que muchas veces se encuentran incómodos manejando estas pacientes porque les faltan recursos, formación, para atenderlas«.

También considera que podría ser útil, incluso, asesorarlas antes de quedarse embarazadas, «que fueran al ginecólogo para orientarse un poco, hablar de los posibles riesgos si los hay, identificar posibles complicaciones para prevenirlas…»

Bermejo quiere insistir en que, en ningún caso, el mensaje sería alarmar, sino todo lo contrario, tranquilizarlas y animarlas a ser madres si lo desean pues, a pesar de que hay cosas en su atención que se pueden mejorar, «nuestras consultas, en su mayoría, estás preparadas para atenderlas durante el embarazo y el parto en las mejores condiciones y ellas son perfectamente capaces de tener embarazos y niños sanos«.

Fuente: Discapacidad https://www.20minutos.es/noticia/5629231/0/alfonso-bermejo-ginecologo-embarazo-una-mujer-con-discapacidad-deberia-atenderse-como-un-embarazo-riesgo/

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