Leemos en Discapacidad la siguiente noticia que os reproducimos de forma íntegra:
La discapacidad, ya sea de nacimiento, sobrevenida o degenerativa, es una amenaza importante para la autoestima. Uno de los grandes retos es, sin duda, mirarse al espejo, aceptarse y quererse.
Tanto en la asociación Convives con Espasticidad como en mi consulta de psicología conozco a muchas personas con discapacidad que intentan ocultarla, que se avergüenzan de su cuerpo y se sienten feos. Algo especialmente crítico en la adolescencia, etapa en la que los complejos se multiplican.
Sin embargo, hoy no quiero hablar como presidenta de la Asociación Convives con Espasticidad o de la Fundación Claudia Tecglen, ni siquiera como psicóloga, quiero dar mi testimonio de cómo pasé de querer esconderme a sentirme una mujer atractiva, con la dificultad añadida de nacer en una familia de guapos. En una familia así, tener un cuerpo que no atiende a los estándares de belleza es, si cabe, más complicado.
Las personas cultivamos nuestros atributos y en mi familia siempre se atendió a la belleza porque es una característica que sobresale. En ese escenario, yo siempre me sentí el patito feo. Para quienes no me conozcan tengo tantas cicatrices en el cuerpo que he perdido la cuenta. Recuerdo que a los 16 años me gastaba toda mi paga en un maquillaje especial para cubrirlas que, por el contrario, las resaltaba. Por si fuera poco, tengo una bomba de Baclofeno intratecal que hace que, por mucho que adelgace, mi abdomen tenga un bulto. Tras mucho trabajo psicológico entiendo que son heridas de guerra en la batalla por mi independencia y agradezco su existencia.
Recuerdo el sentimiento de tristeza por no poder ir a la moda como mis amigas cuando se empezaron a poner minifaldas. Para mí eran impensables. Y no puedo ponerme tacones porque me mataría. Debo de reconocer que, pasada la fiebre de la minifalda, sí que me veo limitada en vestimenta y que los zapatos me traen por el camino de la amargura. Encontrar un buen calzado es toda una aventura.
Para consolarme pienso que Steve Jobs se ponía siempre el mismo tipo de jersey para no perder el tiempo en cuestiones irrelevantes. A lo mejor, tener pocos modelos me ayuda a tener mayor productividad. Dejando de lado las bromas, lo cierto es que las firmas de moda deberían tener más en cuenta a las personas con discapacidad. La moda inclusiva fomenta nuestra autoestima y su rentabilidad.
He pasado del negro para esconderme a colores que transmiten alegría. Antes tenía la percepción errónea de que el negro disimulaba mi discapacidad. Ahora, entre mis básicos están el rosa, el verde esmeralda, el rojo, el naranja… ¿A qué se debe este cambio? Me di cuenta de que el complemento más atractivo es la actitud.
Siempre he sabido rodearme de buena gente que me quiere como soy y me acepta con mis luces y mis sombras. Eso me hace más feliz, y la felicidad es el mejor secreto de belleza. Un día al ver a la madre de una amiga sufrir por hacerse mayor propuse mirarnos al espejo y hacer un listado juntas de todo lo bonito que veíamos en la otra y lo poco que encontrábamos en nosotras mismas. ¡Resulta que no solo yo era la acomplejada!
Me he sentido identificada con Betty la fea. Para quien no conozca la historia, Betty es una secretaria muy brillante, con un gran corazón, pero muy fea, que empieza una transformación externa tras un proceso interior de autodescubrimiento que yo también recorrí a mi manera. Por cierto, se liga al guapo de la serie, pero eso no es lo importante.
Mientras escribo estas líneas me viene a la cabeza mi primer noviete, que siempre me decía que era la barbie muletas y estaba tan buena como el bollicao. A día de hoy, ese recuerdo me sigue provocando una sonrisa. Gran parte de la infelicidad que observo y yo también viví es creer que, al tener una discapacidad, no vas a gustarle a nadie. Doy fe de que eso no es verdad.
El cambio comenzó mucho antes, pero con 27 años me sentí Pretty woman al ver cómo me miraba el hombre con el que descubrí el verdadero amor por primera vez. Ojalá tú, que estás leyendo esto, también consigas esa transformación, da igual el detonante o tener una pareja sentimental.
La única forma de dejar de avergonzarte de tu físico es que realmente transmitas lo que sientes; que te sientas atractiva hará que muchas personas te perciban así. Por último, quiero terminar con un consejo que me dio mi amigo Raúl: nunca pierdas la valentía de mirarte al espejo, aunque te dé miedo. Y yo añado mírate con cariño y deja de esconderte. ¿Aceptas el reto de mirarte con amor propio? Es el amor más importante de todos.
Fuente: Discapacidad https://www.20minutos.es/noticia/5628478/0/betty-fea-por-discapacidad-pretty-woman-por-actitud/

Comments are closed.