Leemos en Discapacidad la siguiente noticia que os reproducimos de forma íntegra:
“Yo lo he vivido como madre. Ves que salen juntos del colegio y se van a casa de un compañero. Piensas a mi hijo no le ha tocado hoy que lo inviten… Y pasan los días y nunca le toca”. Mónica Mir tiene un hijo de 8 años con discapacidad intelectual y también es la directora de Best Buddies España.
Best Buddies es una organización internacional que fundó Anthony Kennedy en 1989 inspirado por su tía Rosemary Kennedy –hermana de John F. Kennedy–, que tenía discapacidad intelectual.
Esta ONG trabaja por la inclusión de niños, niñas y adolescentes con discapacidad intelectual o del desarrollo. De lo que se trata es de que se diviertan, jueguen y hagan vida social con otros niños con discapacidad intelectual o del desarrollo como ellos, pero también con niños que no tienen discapacidad. “El objetivo es que tejan redes, que traben amistad. La socialización es la clave y luego también trabajamos la concienciación social”, cuenta Mónica.
Actualmente Best Buddies se desarrolla en la zona noroeste de la Comunidad de Madrid, pero tienen deseos de crecer y llegar a más lugares. Antes de llegar a la ONG, Mónica trabajaba en marketing e innovación en multinacionales. Hace tres años se sentó con su marido y tomó la decisión de cambiar de vida: “Dedicar mi tiempo, mi esfuerzo y el talento que pueda tener a esta causa. De lo que yo sabía hacer cómo podía contribuir. Por eso además hago formación en empresas de marketing inclusivo e innovación, también desde el punto de vista inclusivo. Les asesoro porque al final existe un público objetivo de consumidores con discapacidad que muchas veces no se tiene en cuenta”.
La mayor preocupación de Mónica y su marido era precisamente la socialización de su hijo. Se preguntaban si iba a tener amigos en el cole, si lo iban a discriminar, si sufriría acoso escolar. “Creemos que los temas de terapia, investigación médica o empleabilidad están más avanzados que la socialización, que puede parecer menor que lo anterior pero queda mucho por hacer y está demostrado que la amistad beneficia a la salud mental y también a la física; contribuye a la calidad de vida. Así que no es ‘la María’ de la vida”, defiende Mónica.
Luna Benitez es terapeuta ocupacional y la responsable de ocio y familias de Best Buddies España. Defiende que la amistad y generar lazos influye mucho en el desarrollo, aunque reconoce que antes de llegar a esta ONG la socialización la tenía apartada dentro de su campo laboral, como pasa mucho a nivel profesional. “Por ejemplo, los niños tienen terapia de lunes a sábado, llegan a los 12 años y no han tenido su ocio, un sitio seguro al que ir. Profesionalmente tenemos esa área de lado”, dice Luna.
En Best Buddies entienden el ocio inclusivo como aquel que está diseñado para que quien tenga discapacidad pueda participar y quien no también. Aunque quizás la clave, ya que insisten varias veces en ello, esté en que se trata de actividades lúdicas muy divertidas. “Quienes tienen discapacidad sienten que me has comprendido, que no me has juzgado y has pensado en lo que yo necesito para participar como los demás. Mientras que quienes no tienen discapacidad se llevan la exposición a la discapacidad, que es algo que enriquece siempre”, defiende Mónica.
Que jueguen todos y se diviertan. Tan sencillo, o no, como eso. “No son actividades terapéuticas, se trata de pasarlo bien y generar lazos”, dice Luna. “Tú vienes a divertirte con tus compañeros, compañeros que tienen otra manera de hacer las cosas distinta a la tuya”, añade Mónica.
Las actividades son temáticas: el espacio, la selva, Halloween, carnaval, arte, dinosaurios, etc. Tanto Mónica como Luna defienden la felicidad que observan en los niños que participan en cada actividad y la respuesta que les dan las madres. “Nos dicen desde qué chute de energía a qué chute de autoestima. Las hay que te dicen es increíble que mi hija esté haciendo esto –escalando en un parque vertical con una compañera– porque jamás lo hubiéramos imaginado”, dice Luna. “Hace poco una madre me decía que su hija había estado contando en la cena a sus hermanos cómo había ganado un trofeo, que luego se fue llevando a todas las partes de la casa por donde pasaba”, añade Mónica.
Hay actividades para niños y niñas de 3 a 9 años aproximadamente porque tienen en cuenta las características de cada uno de ellos, y también para adolescentes de entre 9 y 13, también aproximadamente.
Las actividades de los pequeños se hacen siempre en el mimo sitio: en el gimnasio de un colegio de Pozuelo. “Los niños lo conocen y es completamente accesible”, explica Mónica. Los mayores suelen variar en las actividades: desde bolos a escalada, pasando por un taller de tortitas en el Vips. Eso sí, los mayores hacen las actividades sin padres y madres a la vista “para que tengan esa independencia”, dice Mónica. La ONG también está presente en dos colegios madrileños, donde además de hacer las actividades lúdicas ofrecen formación a profesores, padres y alumnos sobre diversidad e inclusión.
“Siempre hablamos de diversidad humana y de la discapacidad como una de esas diversidades. Siempre hablamos de la discapacidad en positivo, no desde la pena, la compasión o la ayuda”, dice Mónica. Ella sabe como madre que cuando te pones a investigar sobre la realidad de tu hijo, todo lo que encuentras suele ser en negativo. “Siempre encuentras lo que tu hijo no puede hacer y esa es una visión muy limitante”, protesta Mónica. “Urge un cambio de mentalidad, por eso también hacemos concienciación social. Si vienes a nuestras actividades dejas de ver la discapacidad como una desgracia, una miseria, algo de lo que hay que huir. Probablemente no lo verbalizamos así, pero lo vivimos así”.
Las actividades cuentan con profesionales como Luna y también con voluntarios que dan apoyo a los niños que lo necesitan. “¡Necesitamos voluntarios!”, dicen las dos al unísono. “Fundación Once nos ayuda con los voluntarios, que para nosotras son como si fuesen oro”, dice Mónica. Pero hay que dejar claro que los menores sin discapacidad que asisten a las actividades no lo hacen como voluntarios, lo hacen como iguales que van a divertirse.
Luna tiene dos hijas con discapacidad que no se pierden las actividades de Best Buddies, tampoco la hija sin discapacidad de Mónica. Las tres se lo pasan muy bien y están deseando volver, pero la realidad es que a Best Buddies lo que más llaman son padres de niños con discapacidad. “Necesitamos que nos llamen padres de niños y niñas sin discapacidad. Son actividades divertidas y positivas para todos”, concluye Mónica.
Fuente: Discapacidad https://www.20minutos.es/noticia/5527241/0/best-buddies-ocio-inclusivo-para-que-ninos-con-sin-discapacidad-jueguen-juntos-se-trata-tejer-redes/

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