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El sueño de Ella, con discapacidad intelectual, de vivir sola con sus dos hijos, y el proyecto Madres Capaces, que puede hacerlo realidad

Leemos en Discapacidad la siguiente noticia que os reproducimos de forma íntegra:

Dicen que toda madre es, por definición, una luchadora, pero cuando a esas madres la vida les pone algún obstáculo extra, poder salir adelante se convierte en una auténtica batalla. Esto les pasa en muchas ocasiones a las mujeres que deciden ser madres teniendo discapacidad, que no solo tienen que enfrentarse a los retos que les impone la realidad de la discapacidad, sino a las miradas de incomprensión de una sociedad que, como afirma Julia Gutiérrez, coordinadora del proyecto Madres Capaces de A la par, «no ve su embarazo como un motivo de alegría, sino como un problema».

Nadie niega que, en determinados momentos pueden necesitar apoyos, pero con las ayudas, las herramientas y, sobre todo, la confianza necesaria, podrán demostrar que pueden ser tan buenas madres como cualquiera.

Así lo comprueban a diario en Madres Capaces, un proyecto que la fundación A la par puso en marca el año pasado y en el que ayudan a madres con discapacidad intelectual a salir adelante y a tener una vida familiar lo más independiente posible. Muchas de ellas, además, son víctimas de violencia y se encuentran en situación de vulnerabilidad económica.

Este es el caso de Ella, una mujer nigeriana, con discapacidad intelectual, que vino a España hace cinco años y que, en sus primeros años, tuvo que enfrentarse a un sinfín de adversidades. Ahora, gracias al programa Madres Capaces de A la par, la vida le ha dado otra oportunidad, una oportunidad que quiere aprovechar para salir adelante junto a sus dos hijos: Alí, de cinco años, e Isabela, de apenas tres meses.

De programa en programa, hasta Madres capaces

Ella salió de su país, Nigeria, en busca de una vida mejor hace más de cinco años. Al poco tiempo, se quedó embarazada de su primer hijo, Alí. Estaba embarazada cuando entró en el primer piso protegido, «primero estuvo en un piso con otras personas de su misma nacionalidad, con otros refugiados. Allí estuvo un tiempo, pero lo pasó bastante mal», cuenta Julia Gutiérrez. Después pasó a una vivienda en la Fundación A la par, en una unidad de atención a víctimas, en un piso protegido para mujeres con discapacidad víctimas de violencia machista, «es un piso protegido que nadie, solo nosotros, sabe dónde está porque las personas que viven en él están en riesgo alto».

Allí estuvo año y medio, pero como se trata de un recurso en el que no puede haber menores, tuvo que separarse de su hijo, «tuvo que hacer una guarda voluntaria para dejar al niño, que solo tenía un año y medio. Fue muy duro para ella, porque solo podía verlo una hora cada 15 días, y acompañada por una de nosotras», recuerda Julia.

Ella tuvo que separarse de su hijo con un año y medio. Sólo podía verlo una hora cada dos semanas y acompañada

Un año y medio después, recuperó a su hijo y pasó a una residencia maternal, pero también estaban muy hacinados, tenían una habitación con literas y en cada habitación había tres madres, «no era el entorno más adecuado, pero en ese momento era lo que había», asegura Julia. Tras esta experiencia, la trasladaron a un piso de vida independiente, pero como su hijo era único niño que había, buscaron otro recurso en el que sus compañeras estuvieran en el mismo momento vital, «cuando por fin abrimos el piso de Madres Capaces, entró, fue la primera», asegura la coordinadora del programa.

Allí ha sido donde, poco a poco, ha recuperado la relación con su hijo, que se resintió mucho, pues tras un año y medio separados, «Alí no conocía a su madre». Las madres del programa viven de manera independiente, pero con el apoyo de un equipo de educadoras e integradoras sociales que les enseñan habilidades comunitarias, necesarias para la vida independiente y habilidades específicas de crianza, así como pautas para fortalecer el apego y el vínculo materno. También disponen de apoyo psicológico y laboral y tienen la posibilidad de asistir a talleres y actividades de ocio familiar con otras madres y sus hijos.

Pocos meses después de estar en el programa, Ella volvió a quedarse embarazada, esta vez de una niña, Isabela, que nació el 14 de febrero.

El embarazo que le devolvió la sonrisa

Como las madres que pertenecen a este programa, Ella no está apoyada en la crianza por una pareja, pero en este segundo embarazo sí ha contado con un apoyo que no tuvo en el primero, un embarazo que, además, apenas recuerda, «creemos que porque la situación por la que estaba pasando le provocó una disociación muy grande. Este embarazo, en cambio, lo ha vivido muy intensamente, la hemos acompañado a todas las citas, se ha cuidado mucho y ha estado muy contenta en todo el proceso, sobre todo cuando se enteró de que iba a ser una niña».

Julia asegura, que, además, el nacimiento de su hija, al que ella misma asistió, le ha servido para desbloquearla emocionalmente, «la sonrisa que ves ahora, antes no la tenía. Todas las que la acompañamos hemos visto cómo ha evolucionado, es un gusto verla, porque es una madre cariñosa, entregada, atenta… y eso le ha servido también para recuperar la relación con su hijo Alí. Ella tuvo que volver a aprender a ser madre cuando su hijo tenía tres años, y con Isabella es distinto, lo ha disfrutado desde el principio, está feliz…»

Ella tuvo que volver a aprender a ser madre cuando su hijo tenía tres años, y con Isabella es distinto, lo ha disfrutado desde el principio, está feliz…

La relación con su hijo, desde el programa reconocen que aún es complicada, sobre todo por la barrera idiomática, «Alí habla español, Ella habla inglés y cada vez mejor español, pero es difícil. Ahora se comunican un poco en inglés, pero es complicado porque Ella intenta explicarle por qué tiene que hacer algo, por qué no… y muchas veces no sabe cómo».

Aun así, están reconstruyendo una relación muy bonita, pasan mucho tiempo juntos y él está encantado con su hermana, «le da muchos besos», nos contaba Ella.

Ella, por su parte, se esfuerza cada día por ser mejor madre, una madre de la que Julia y sus compañeras destacan que es «súper cuidadosa, no falla una cita, lo tiene todo anotado, es muy estricta con los horarios, es muy organizada… tiene muy claro lo que tiene que hacer para que sus hijos estén bien. Alí tiene extraescolares y atención temprana, y no falla nunca».

¿Y después de ‘madres capaces’?

En Madres capaces pueden estar hasta dos años, prorrogables seis meses más hasta que madre e hijos encuentren el alojamiento adecuado. El objetivo último del programa es, por tanto, darles las herramientas y ‘entrenarlas’ para que vivan de manera independiente, «evidentemente, siempre van a necesitar apoyo, pero nuestra labor es ver qué apoyos necesitan, proporcionárselos y empoderarlas para que tomen sus propias decisiones y hagan todo lo que son capaces de hacer por sí mismas, que sean autónomas. A veces es complicado, porque muchas han estado institucionalizadas toda su vida y no saben cómo hacerlo».

En esta falta de confianza en la toma de decisiones juega un papel muy importante lo que la sociedad espera de ellas y cómo reacciona ante la posibilidad de que sean madres. Como reconoce Julia Gutiérrez, aún persisten muchos prejuicios sobre su capacidad para ser madres, «da igual que tengan un trabajo, pareja, un piso… su embarazo, en lugar de verse con alegría, se ve como un problema. Por ejemplo, cuando una profesional del centro escolar de Alí vio a Ella embarazada comentó algo así como ‘¡madre mía y ahora va a tener otro!’, en tono muy despectivo, y es algo que yo veo con todas las madres que con las que trabajamos».

Julia asegura incluso que desde los propios servicios sociales se da por hecho que estos niños van a acabar alejados de sus madres, y eso mina su autoestima, «no se confía en su capacidad de maternar, de cuidar y de criar, y con los apoyos adecuados, te puedo asegurar que sí son capaces, y nosotras lo vemos a diario en nuestro programa», asegura.

Siempre hay que adaptar los apoyos, pues como explican, «depende de las necesidades de las madres. Así, por ejemplo, en el piso que hemos abierto en febrero se dan cuatro horas de apoyo a la semana, dos tardes. Luego tenemos el ocio cada 15 días, talleres… Hay varios ejes dentro del proyecto que son para todas y luego los apoyos varían en función de dónde están residiendo».

No se confía en su capacidad de cuidar y de criar, y con los apoyos adecuados, te puedo asegurar que sí son capaces, y nosotras lo vemos a diario

Ella es un buen ejemplo de que, con los apoyos adecuados, pueden crecer y prepararse día a día para vivir solas con sus hijos cuando termine el programa, «Ella es muy buena trabajadora, nunca la han despedido, pero tiene un trabajo de muy pocas ahora, así que nuestros preparadores laborales ya la están ayudando a encontrar algo en cuanto se le acabe el permiso de maternidad».

En cuanto empiece a trabajar, empezará a ahorrar y estará un poco más cerca de cumplir su sueño: vivir ella sola con Alí e Isabela, «en cuanto termine su estancia aquí, intentaremos que vaya a un piso de nuestra red de vida independiente para seguir apoyándola, pero ya será un piso indefinido donde puedan crecer los tres juntos como cualquiera otra familia», dice Julia convencida e ilusionada.

Y en cuanto Ella tome las riendas de su vida, otra ‘madre capaz’ ocupará su lugar, pues todavía hay «muchas madres que necesitan este recurso y que se merecen que les demos una oportunidad».

Fuente: Discapacidad https://www.20minutos.es/noticia/5241795/0/ella-madres-capaces/

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