Leemos en Discapacidad la siguiente noticia que os reproducimos de forma íntegra:
Veterinaria de formación y activista por convicción, Cristina Carles es fundadora y directora de Áskal, la primera entidad española dedicada a entrenar perros señal para personas sordas. Desde 2007, y avalada por la Assistance Dogs International (ADI), la organización ha incorporado también perros de asistencia psiquiátrica, ofreciendo un modelo alternativo: son los propios usuarios quienes educan a sus perros con ayuda profesional. Aprovechando el Día Mundial del Perro, que se celebra este 21 de julio, hablamos con ella sobre el papel crucial que desempeñan estos animales en la vida de muchas personas con discapacidad, las barreras invisibles que aún persisten y el poder transformador de los mestizos rescatados.
Cristina Carles lo tiene claro: la utilidad de los perros no ha desaparecido con la vida urbana. Aunque ya no pastoreen rebaños, hoy ayudan a las personas con discapacidad a desenvolverse en su entorno. «No sufren, hacen lo que les gusta. Son perros seleccionados para acompañar y ayudar. Disfrutan trabajando», insiste. En su opinión, es clave reivindicar la función social del perro también en esta nueva etapa: desde un animal que cuida al humano, a un compañero que le da seguridad, libertad o apoyo emocional.
Negar la entrada a un perro de asistencia es como prohibirle la silla de ruedas a alguien
Uno de los grandes problemas que denuncian desde Áskal es el desconocimiento social sobre los distintos tipos de perro de asistencia. «Solo se reconoce al perro guía, y eso deja fuera a muchos otros perfiles, como los perros señal o psiquiátricos», explica. Carles relata con frustración cómo a los usuarios con discapacidades invisibles, como la sordera o los trastornos mentales, se les niega el acceso con sus perros por ‘no parecer’ necesitarlos. Y lanza una metáfora demoledora: «Es como si a una persona con silla de ruedas le dijeras que entre, pero sin su silla. El perro es una ayuda técnica».
Cristina señala que el rechazo en restaurantes, transporte o comercios nace del miedo o la ignorancia. «Un perro de asistencia está adiestrado para no llamar la atención, para integrarse y no interferir en la vida pública», defiende. Por eso considera esencial que, junto al desarrollo legal, se impulsen campañas de sensibilización que expliquen a la ciudadanía qué son estos perros, qué hacen, cómo se comportan y por qué no suponen un riesgo, sino una garantía de autonomía para su guía.
El problema es mayor cuando el usuario no presenta signos visibles de discapacidad y, además, su perro no parece un perro de asistencia ‘típico’. En Áskal, todos los perros son mestizos adoptados de protectoras. «Un chucho pequeño, sin peto llamativo, genera aún más recelo, como si fuera una mascota encubierta», lamenta. Además, muchas personas que solicitan un perro ya conviven con uno que les aporta calma: Áskal convierte ese vínculo emocional en una herramienta útil, enseñando al animal habilidades específicas adaptadas a las necesidades del usuario.
Durante más de una década, Áskal entregaba perros ya formados. Pero con el tiempo, el equipo detectó varios problemas: el perro sufría al separarse de su educador, la persona usuaria no sabía cómo mantener las conductas y se perdía el vínculo. Así nació el actual enfoque de Team Training, que implica al usuario desde el principio. «Funciona mejor, es más empoderador y reduce los errores», afirma Carles. Eso sí, requiere una red de instructores cercana y extensa. «Estamos ampliando equipo en España y América Latina. Queremos llegar donde haga falta».
Un perro de asistencia psiquiátrica no es solo una mascota que consuela
Carles aclara con firmeza la diferencia entre perro de apoyo emocional y perro de asistencia: el primero reconforta, sí, pero no está preparado para tareas concretas ni para pasar un examen de acceso público. En cambio, un perro de asistencia psiquiátrica debe realizar al menos tres habilidades específicas, detectar una crisis, detener una conducta autolesiva, guiar a su dueño a un lugar seguro, y pasar un examen internacional de acceso público. Solo así puede acompañar a su guía en espacios como aviones, centros de trabajo o restaurantes.
Sobre el auge del “perro de apoyo emocional”, Cristina es crítica. Cree que hubo abusos y falta de control, con informes médicos genéricos que justificaban el acceso del animal sin garantías. «Algunos perros se portaban mal, gruñían, causaban molestias. Eso hizo daño a quienes sí lo necesitaban». Hoy, las aerolíneas solo aceptan perros acreditados por ADI. Para Carles, es un avance necesario para proteger al colectivo, aunque lamenta que las leyes autonómicas españolas aún no reconozcan la figura del perro de asistencia psiquiátrica.
Carles celebra avances como el reciente reconocimiento estatal que permite mover un perro acreditado entre comunidades autónomas, pero lo considera insuficiente. «Seguimos atados a 17 normativas distintas, con excepciones, lagunas y letra pequeña». Reclama una ley estatal o europea que garantice el acceso de estos perros a cualquier espacio público, sin importar su comunidad de origen. «Hoy viajar con un perro por España o Europa es una carrera de obstáculos. Y no debería serlo».
Elegir bien al perro es clave: hay uno ideal para cada persona
Áskal no entrega perros al azar. Realizan entrevistas en casa, analizan rutinas, barrios, preferencias, energía… «El éxito depende de que usuario y perro empaticen. Un jubilado necesita un perro tranquilo y sociable; un joven activo, uno enérgico y curioso», explica. El objetivo es doble: que el perro se sienta cómodo en su entorno y que las habilidades que deba aprender partan de sus propios talentos naturales, como el interés por los sonidos o la sensibilidad olfativa.
La directora de Áskal recuerda con cariño sus primeros años de entrega: vivía con los perros en su propia casa, los entrenaba y luego los iba soltando poco a poco con sus nuevos dueños. «La mirada del perro cuando por fin se quedaba tranquilo al lado del usuario… eso era mágico», confiesa. Hoy, más volcada en la formación y la gestión, sigue sintiendo que «cada perro mestizo es una alquimia genética irrepetible». No responde al molde de una raza, pero sí a su propia historia de resiliencia.
Fuente: Discapacidad https://www.20minutos.es/noticia/5732645/0/cristina-carles-directora-aska-un-perro-asistencia-no-es-un-capricho-es-como-quitarle-su-silla-ruedas-alguien/
