Leemos en Discapacidad la siguiente noticia que os reproducimos de forma íntegra:
El 13 de julio se celebra el Día Internacional del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), una condición que se calcula que afecta al 7% de la población y que, aunque por sí misma no suele ser muy discapacitante, a no ser que sea muy severo, sí suele acompañar a otras condiciones que sí pueden serlo, como la discapacidad intelectual, alguna enfermedad genética o el autismo. De hecho, el TDAH, aunque no hay cifras fiables, sí se sabe que es una de las comorbilidades más frecuentes en el TEA.
Si ya de por sí estos dos trastornos del neurodesarrollo pueden generar importantes barreras en las personas, cuando van unidos, las dificultades que provocan se multiplican, como explica Teresa González, psicóloga del área de Investigación de Autismo España.
Para empezar, cuando los niños son pequeños, muchas veces estas dos neurodivergencias -una configuración cerebral diferente- pueden incluso confundirse y diagnosticarse una u otra erróneamente, algo que ocurre porque tienen algunas cosas en común, al menos en la manera en la que se manifiestan, “ambas condiciones presentan dificultades en la regulación emocional, a la hora de responder de manera adaptada a ciertas situaciones, y suelen dar problemas en las interacciones sociales. Además, en ambos casos tienen dificultades en la atención”.
Sin embargo, por lo general, el origen de estas conductas suele ser distinto, pues “mientras que en el TDAH estas conductas vienen más por la dificultad controlar la impulsividad, en el autismo esa dificultad en la autorregulación se debe más a causas sensoriales, a una sobreestimulación y a una dificultad a la hora de comprender ciertas normas sociales y de la comunicación”, explica Teresa González.
Aun así, el TDAH y el autismo pueden tanto confundirse en un inicio por ese solapamiento en la sintomatología – dificultad para mantener la atención, impulsividad o respuestas inapropiadas, una dificultad para seguir reglas o rutinas…- como presentarse a la vez, algo que ocurre con mucha frecuencia, algo que podría explicarse porque se han encontrado similitudes neurobiológicas de cómo se configura el cerebro en ambas condiciones, “tanto en el TDH como en el autismo, las zonas del cerebro en las que se producen ciertos procesos básicos, como la memoria o la atención, se encuentran afectadas y eso incluye mucho en ese solapamiento. De hecho, se cree, aunque son solo hipótesis, que tener una neurodivergencia o un trastorno del neurodesarrollo te predispone a tener otro”.
Otro tema que Teresa González quiere destacar es que, tanto en el caso del autismo como en el del TDAH, se les siguen escapando muchos casos en mujeres, “existe un sesgo de género en el diagnóstico, se diagnostican muchos más chicos, pero no es porque haya muchos más, sino porque la sintomatología es diferente. Y eso es una barrera, estamos aprendiendo todavía a diagnosticar a las mujeres”, reconoce.
Se cree que tener una neurodivergencia o un trastorno del neurodesarrollo te predispone a tener otro
Dificultades que se multiplican
Tener un doble diagnóstico de TDAH y autismo puede potenciar las dificultades propias de cada una de estas condiciones. Por ejemplo, si sumamos la dificultad para concentrarse del TDH y la tendencia de muchas personas en el espectro de tener intereses restringidos, puede hacer que se centren tanto en unas cosas que sea muy complicado sacarlo de ahí, “pueden tener todavía más hiperfoco en ciertas tareas que le interesan muchísimo y otras dejarlas completamente olvidadas. Esto, en temas de ocio, no puede ser grave, pero sí puede generar más problemas en el aula y en aprendizaje, lo que puede traducirse en bajo rendimiento, frustración… y en ese fracaso escolar que sabemos que es mucho más grande en los niños con autismo y más si va acompañado de TDAH”, explica González.
Convivir con ambas condiciones también puede generar aún más problemas en las interacciones sociales, sobre todo a causa de comportamientos disruptivos, “si a una persona con autismo le cuesta ya saber, por ejemplo, cuáles son los momentos más correctos para hablar, en qué medida… si a esto le sumamos la impulsividad del TDAH, las interacciones sociales van a ser aún más difíciles, lo que puede dar lugar a más rechazo social, aislamiento, falta de integración o incluso el temido bullying, ya de por sí más frecuente en personas con autismo. Todo esto conlleva que aumenten a su vez, otras comorbilidades que impactan mucho en la vida de las personas, como de ansiedad, depresión, conductas desafiantes…”.
Un abordaje aún más complejo
Si ya de por sí el abordaje y la intervención varían mucho de una persona a otra debido a la gran variedad del autismo, si a esto sumamos el TDAH, este abordaje “se debe personalizar aún más, es más complejo, tiene que estar aún más centrado en con las necesidades de la persona y en el momento que está viviendo, con qué le está faltando en ese momento. Por eso, puede ser un abordaje para mejorar la atención de un niño en clase, la de un adolescente que tiene muchos problemas en las interacciones sociales o la de un adulto al que, de repente, tiene una crisis de ira en el trabajo debido a la regulación emocional…. Pero es cierto que el abordaje cambiará mucho si trabajamos con una persona que solo tiene autismo que si, además, tiene TDAH, donde habrá que trabajar mucho, por ejemplo, para mejorar las habilidades sociales, reglas sociales explícitas, role-playing, apoyo una interpretación de señales sociales, etc.”.
Teresa González, como psicóloga, abogará más una intervención social y psicológica, e ir “a la raíz del problema, porque tanto con TDAH como en el autismo, lo que vamos a querer es individualizar cada tratamiento en la persona”, pero entiende que, a veces, el abordaje médico y farmacológico también es necesario -siempre con mucha supervisión y con especialistas en TDAH y autismo-, pues la medicación para el TDAH, en personas con autismo “puede suponer una barrera, pues pueden empeorar la ansiedad, el sueño, las conductas repetitivas…”.
La medicación para el TDAH, en personas con autismo puede empeorar la ansiedad, el sueño o las conductas repetitivas
También es más complicado en el aula, pues las personas con TDAH y autismo tienen necesidades aún más complejas, por eso aboga por una mayor formación de los profesionales, “el profesorado no está bien formado para atender específicamente el autismo, pero menos aún si va acompañado de TDAH, pues pueden requerir estrategias de intervención mucho más integrales y a la vez mucho más específicas, centradas en el estudiante, como rutinas estables, apoyos visuales, entornos sensorialmente amigables… y si sumamos el TDH, descansos frecuentes, tareas más breves, apoyo como en la organización, cambios en la evaluación… todo adaptado a cada alumno en particular”.
Por supuesto, tampoco se olvida de las familias, y es crucial que “tengan información, que sepan qué significa el autismo, el TDH y las dos cosas juntas… Tenemos que apoyarlas, porque son las que pasan más tiempo con los niños”.
Fuente: Discapacidad https://www.20minutos.es/noticia/5730009/0/tdah-muy-frecuente-entre-las-personas-con-autismo-abordaje-es-aun-mas-complejo/

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