Leemos en Discapacidad la siguiente noticia que os reproducimos de forma íntegra:
El escenario del Teatro María Guerrero, uno de los templos del arte dramático en Madrid, acogió este pasado lunes la inauguración de la 19ª Bienal de Teatro de la ONCE, una cita que este año se desarrollará durante toda la semana en varias localidades de la Comunidad de Madrid. En total, se llevarán a cabo 22 representaciones protagonizadas por distintas compañías teatrales formadas por personas ciegas o con discapacidad visual de toda España.
La apertura del festival corrió a cargo de La Luciérnaga, el grupo madrileño de teatro de la ONCE, que subió a escena con La casa de los habitantes deshabitada, una divertida comedia de Jardiel Poncela. La entrevista con dos de sus intérpretes, José G. Gonzalo ‘Gato’ y Susi, se celebró también en este enclave emblemático, el Teatro María Guerrero, justo antes de que comenzara una semana dedicada a demostrar que la pasión por el teatro no entiende de barreras visuales.
Una experiencia única, cargada de responsabilidad. Así definen Gato y Susi su participación en esta edición de la Bienal. Para ella, que ya ha vivido otras bienales, actuar en Madrid, y abrir el festival en el María Guerrero, tiene un sabor especial: “Quiero vivirla al máximo”. Para él, es una oportunidad que implica también presión: “No se ha escatimado en medios. Queremos que el público se olvide de que somos personas con discapacidad visual y vea teatro del bueno”.
Las adaptaciones son parte del arte, pero no lo definen. En escena, cada actor y actriz del grupo cuenta con referencias táctiles o visuales adaptadas a su resto visual. “Hay quien necesita mucha luz y quien se orienta con alfombras o muebles”, explica Gato. La clave, aseguran ambos, está en el trabajo en equipo y en la confianza absoluta entre compañeros. Susi lo resume con una imagen potente: “La escenografía es nuestra casa. Nos movemos como si estuviéramos en casa”.
Fuera del escenario, sin embargo, es donde se complica la coreografía. Cambios rápidos de vestuario, entradas y salidas por múltiples accesos, decorados encajados unos sobre otros… Todo un entramado invisible para el público que exige precisión y coordinación extrema. “A veces lo más estresante es saber si tendrás espacio para dejar tu silla sin que se mueva”, cuenta él. “Que una chaqueta se caiga al suelo puede ser un mundo”, remata ella.
La conexión con el público lo cambia todo. Según Gato, “si el público se cree lo que está viendo, enseguida deja de ver a personas con discapacidad. Muchas veces no se dan cuenta hasta el final”. Para Susi, lo importante es que el espectador “se deja llevar por la historia y se olvida de todo lo demás”. En ese viaje, lo único que importa es el personaje, no el actor que hay detrás.
Ambos reconocen que aún persisten ciertos estereotipos, aunque menos que antes. “Muchos vienen esperando ver algo pobrecito y se marchan emocionados, agradeciendo que les hayamos roto el cliché”, señala Gato. En su opinión, eventos como la Bienal son necesarios para sacar la discapacidad del prejuicio y mostrarla con naturalidad.
Muchos vienen esperando ver algo pobrecito y se marchan emocionados
El teatro ha sido su escuela de vida. Gato lo descubrió en los años 80 en grupos municipales. Fue su vía de integración y su forma de naturalizar su ceguera. “Para mí ha supuesto saber que los límites deben ser los mismos que para el resto. No llegar pidiendo, sino detectando dónde necesitas ayuda”. Hoy actúa con grupos sin discapacidad y se prepara para protagonizar un musical. Susi, por su parte, empezó a los 23 en La Luciérnaga. “El teatro es magia. Me transforma. Me permite vivir muchas vidas”, dice con emoción.
La adrenalina de la cuerda floja es lo que más disfruta Gato: “El teatro no tiene red. Si falla algo, se nota. Pero eso te hace estar vivo”. Susi, en cambio, se rinde ante la belleza del proceso: “En los ensayos experimento con el personaje. Y cuando sube el telón, me olvido del público: estoy allí, en el aquí y ahora”.
En ‘La casa de los habitantes deshabitada’, ambos comparten escena como una dupla inseparable. Él es guardabosques, suplantador y hombre sin cabeza. Ella, periodista que se hace pasar por un húngaro loco, doncella enmascarada. “Es una comedia disparatada, con una escenografía mágica y personajes que entran por relojes o desaparecen tras una pared”, bromea Susi. Un despliegue escénico que han disfrutado desde el minuto uno.
¿Y qué le dirían al público para que se acerque a verles? Gato es claro: “Vale mucho la pena. Es teatro con mayúsculas. Y también una oportunidad para descubrir un colectivo que no necesita compasión, sino respeto”. Susi, con la misma pasión, añade: “Van a sentir magia. Van a entrar en otro mundo y salir renovados”.
Fuente: Discapacidad https://www.20minutos.es/noticia/5714446/0/jose-g-gonzalo-gato-susi-actores-teatro-con-discapacidad-visual-escenario-no-somos-ciegos-somos-actores-punto/

Comments are closed.