Leemos en Discapacidad la siguiente noticia que os reproducimos de forma íntegra:
El gran apagón de este lunes supuso para la inmensa mayoría de ciudadanos un parón en su rutina diaria, con problemas en el transporte o para comunicarse. Sin embargo, para las personas que requieren de respiración asistida supuso una cuestión de supervivencia, especialmente en regiones como la Comunidad de Madrid, donde no se recobró la energía en su totalidad hasta la madrugada. A través de generadores prestados, la ayuda de los vecinos o la habilitación de dispositivos especiales en los hospitales se pudo resistir hasta que la luz regresó. Sin embargo, en las zonas rurales se vivieron situaciones de mayor angustia.
Este fue el caso de Paula Martín. Cuando se propagó el apagón sobre las 12.30 horas, la pequeña de nueve años se encontraba en clase en la Fundación Numen, centro ubicado en el distrito de San Blas-Canillejas. Paula utiliza una máquina de respiración asistida debido a una enfermedad mitocondrial. Esta tenía una batería de 10 horas, pero llevaba funcionando desde las 08.00 horas y el margen para seguir encendida era hasta las 20.00 horas. «Fuimos a buscarla en cuanto se produjo el apagón, sin saber cómo solucionar la situación, ya que en casa no teníamos forma de cargarla», explica su padre, Jesús Javier Martín, quien apunta que «si se desconecta durante mucho tiempo podría fallecer».
Desde el municipio de Mejorada del Campo hasta el colegio de Paula tardaron una hora en llegar, debido a las retenciones que se produjeron en la M-30 para entrar a la capital. Ante la imposibilidad de comunicarse y debido a la situación de tensión, la madre de Paula, Mariam Susarte, «tuvo un ataque de ansiedad», según explican ambos durante la entrevista telefónica. Una vez pudieron recoger a su hija del colegio, se encontraron con el problema de cómo asegurar que la máquina de respiración continuara funcionando hasta normalizarse la situación.
«Una vecina nos prestó un generador a gasolina para que pudiéramos cargar la máquina», cuentan Jesús y Miriam. Ambos sacaron el generador al patio de su casa, en un bajo, donde conectaron la batería mientras esperaban que la electricidad regresara. Sin embargo, las horas pasaban y no se recuperó la conexión. «No podíamos estar así toda la noche, ya que hacía mucho ruido. Decidimos ir a casa de mi cuñado que tiene placas solares y pasamos allí la noche. La niña, por suerte, no se enteró de nada de lo que ocurría», comenta Jesús
«Hubo un momento en el que nos preocupamos por si la situación se alargaba», confiesan los padres, ya que era vital tener un acceso garantizado a la red para que todos los equipos funcionaran de forma adecuada. Ahora, una vez recobrada la normalidad, ambos afirman que el aprendizaje que se llevan es «que el apoyo vecinal es reconfortante» y destacan el interés de sus vecinos por su situación en todo momento.
Además del apoyo recibido en su municipio, desde el Hospital La Paz recibieron una llamada para informarles sobre el dispositivo habilitado en una sala con enchufes para que las personas electrodependientes pudieran mantener en funcionamiento sus equipos vitales. La Paz y el resto de centros de la Comunidad de Madrid contaban con generadores que les permitieron tener electricidad. Esto posibilitó el traslado de varias personas que carecían de otras fuentes de energía a los hospitales de la región.
Mientras Jesús y Miriam se dirigían a recoger a su hija al colegio, a María Martín el apagón la sorprendió en casa de una amiga a dos kilómetros de su piso en el barrio de Prosperidad. María, a sus 72 años, necesita un suministro de oxígeno durante 16 horas al día debido a una enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). «Cuando voy a casa de mi amiga suelo ir en taxi, pero era imposible coger uno, por eso decidí ir andando, pero llegué fatigada a casa», recuerda. Una vez en su casa, los vecinos le preguntaron si necesitaba algo: «Una paró a la policía para contarle mi situación. A las dos horas me trajeron una bala de oxígeno y con eso pude aguantar», comenta.
Aunque en un primer momento la situación le causo intranquilidad, gracias a que una vecina le prestó una radio a pilas con la que pudo escuchar lo que ocurría, se fue calmando. «En ningún momento se me pasó acudir a un hospital, imaginaba que estarían colapsados. Pensé, solo como último recurso». En el caso de las personas con EPOC o problemas respiratorios, hacer la digestión, caminar o dormir son las actividades que les obligan más a consumir oxígeno. «Pensé en no dormir para gastar menos oxígeno, pero mi hija me dijo que a malas podía dormir en su coche, donde tenía batería para recargar la máquina. Eso me tranquilizó», comenta.
Hasta las 22.30 no regresó la luz en su casa. Durante estas horas, confiesa «se genera mucha angustia». A pesar de que su situación no fue crítica, María cuenta que otros compañeros en su misma situación no tuvieron la misma suerte: «Algunos compañeros lo han pasado mal, sobre todo los que viven en zonas rurales que no tienen nada cerca. Han tenido que aguantar malamente, reduciendo el suministro de oxígeno». En opinión de María, todas las personas electrodependientes deberían tener a su disposición sistemas alternativos de electricidad para emergencias como la ocurrida. Sin embargo, a pesar de la situación que tuvo que vivir, agradece la labor tanto de la policía como de sus vecinos: «Saber que están ahí no tiene precio».
Fuente: Discapacidad https://www.20minutos.es/noticia/5705146/0/sobrevivir-con-ventilacion-asistida-durante-el-gran-apagon-si-desconectaba-podia-fallecer-pero-recibimos-la-ayuda-de-los-vecinos/

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