Leemos en Discapacidad la siguiente noticia que os reproducimos de forma íntegra:
Con discapacidad intelectual y sin ella. Con un análisis genético en el que un ‘algo’ inaprensible da la cara y sin prueba diagnóstica alguna que encuentre nada raro – los más de los casos-. Con comorbilidades como la epilepsia y sanos físicamente como peras del valle del Ebro. Con lenguaje oral y sin él. Con rigidez en sus costumbres y flexibles como juncos. Con autismo diagnosticado desde bebés y con autismo hallado en la edad adulta. Con problemas conductuales y sin ellos. Con algún tipo de medicación y sin necesitarla. Con mal y con buen dormir. Con mal y con buen comer. Incapaces de manejar entornos ruidosos o con demasiados estímulos y en su salsa en el caos sensorial. Dependientes para todo de otras personas y completamente autónomos en su día a día. Y, entre medias, todas las variaciones que sea posible imaginar.
Todo es autismo. Tanto y tan distinto, que al final pareciera que nada es autismo. El autismo de mi hijo no es como el del tuyo. Mi autismo, en nada se parece al de aquel otro. Tan inabarcable es el espectro, tan grandes sus variaciones, que solo quedan dos salidas. La primera, la que creo que es más importante, es aceptar que los individuos están por encima de las etiquetas. Un diagnóstico que en la mayoría de los casos es observacional no puede explicarlo todo en una persona. Somos únicos, complejos y valiosos, y esas siete letras no pueden eclipsar a ningún ser humano.
La segunda es comprender que de esa gigantesca nación que conforman las personas con autismo, con el tiempo y según la investigación avance, surgirán regiones independientes. Ahora, como un torrente en constante aumento, todas aquellas realidades inasibles para la ciencia mediante un análisis de sangre o una resonancia magnética acaban dentro del variado espectro autista. No será así en un futuro, estoy convencida. Tampoco es que importe demasiado en nuestro día a día como personas autistas o cuidadoras de personas con TEA.
Ahora importa pelear derechos, reivindicar ayudas, perseguir el acoso, las pseudociencias y los mitos lesivos. Procede hacer de la unión la fuerza y reclamar una educación adaptada a cada una de esas realidades; así como soluciones para la vida adulta y anciana de los que más apoyos necesitan. Soluciones bien dotadas de recursos. ¿Recuerdan aquel Plan de Acción de la Estrategia Española en Trastorno del Espectro del Autismo aprobado en abril de 2024? Apenas fue dotado con 40 millones para tres años. Las migajas que quedan en el mantel son buenas para los pájaros, pero las personas con autismo y sus familias nada tienen que ver con las aves.
Fuente: Discapacidad https://www.20minutos.es/noticia/5696638/0/todo-es-autismo/

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