Leemos en Discapacidad la siguiente noticia que os reproducimos de forma íntegra:
Hoy, jueves 10 de octubre, es el Día Mundial de la Salud Mental. La salud mental está íntimamente ligada a la discapacidad. Son vasos comunicantes, porque tener discapacidad o cuidar a una persona que la tiene es un factor de riesgo para tener problemas de salud mental y tener problemas de salud mental incapacita.
Que somos más fuertes de lo que creemos cuando nos enfrentamos a la adversidad, es una realidad. También lo es que nadie es irrompible y que es preciso atendernos, saber conservar la esperanza y la ilusión por vivir en cualquier circunstancia.
Hablo sabiendo lo que es surcar la marejada. Soy cuidadora de dos personas muy dependientes, mi hijo y mi pareja. Y la muerte me ha arrebatado a varios de los que más amaba en los últimos años. Pero la vida también me ha dado y sigue dándome mucho, soy capaz de verlo, igual que siento que cuidar dota de sentido a mi existencia y que ahora estoy más despierta, más atenta y capaz de gestionar la incertidumbre y reconocer aquello que realmente no es importante.
La vida es frágil. La enfermedad, los desengaños, los accidentes, la muerte acechan. Existen periodos de nuestra vida en los que no somos conscientes de ello. Temporadas en las que no parece pasar nada realmente malo y crece en nosotros la falsa sensación de ser invulnerables. No lo somos. Antes o después nos golpeará una circunstancia adversa y más nos vale estar preparados para reaccionar, cultivando internamente el conocimiento de que nada está asegurado, que el caos puede desencadenarse a la vuelta de la esquina, y que nuestra tabla de salvación somos nosotros mismos, nuestra capacidad para adaptarnos a esa nueva realidad sin perder el disfrute ante la alegría de nuestros hijos, la historia sorprendente que esconde un buen libro o el hermoso dorado de las hojas otoñales en el parque.
Somos nosotros, con la ayuda de amigos, familia y profesionales si es preciso. Por un lado, es cierto que en el fondo estamos solos, enfrentamos el curso turbulento de nuestro devenir en soledad hasta que llegue el inevitable final. Por otro, también es verdad que jamás estamos solos del todo, que siempre hay quién se preocupa por nosotros, aunque tal vez para verlo y disfrutar de ese sostén necesitemos extender la mano.
Por supuesto que es más fácil decirlo que hacerlo cuando todo parece torcerse. Pero precisamente en esas situaciones es preciso distinguir y aferrar los destellos de felicidad diarios, conocernos para no forzarnos y ser conscientes de lo bueno que nos rodea, de los privilegios que disfrutamos. Existe, está ahí por mucho que cueste verlo cuando baja y nos cubre la niebla.
Fuente: Discapacidad https://www.20minutos.es/noticia/5641956/0/salud-mental-discapacidad/

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