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Desinformación, libertad de expresión y discapacidad

Leemos en Discapacidad la siguiente noticia que os reproducimos de forma íntegra:

En estos tiempos de desinformación y de fake news, ¿qué lugar ocupamos las personas con discapacidad en todo este ruido informativo? Somos más de cuatro millones de ciudadanos y ciudadanas con alguna discapacidad, más de diez si computamos a nuestras familias; una masa poblacional significativa que los medios de comunicación deberían considerar una audiencia legítima.

La prensa es un activo de las democracias avanzadas, un canal de información, de opinión, de crítica y también la base para garantizar la esencial libertad de expresión. Pero ¿cuáles deben ser las premisas para el ejercicio pleno de este derecho tan invocado y al tiempo tan manoseado? Sin duda, ser libres de cualquier tipo de censura y que toda la sociedad, sin excepciones, tenga la posibilidad de acceder y, por supuesto, divulgar ideas o informaciones.

Es aquí donde aparecen algunas disyuntivas como la conceptualización de la libertad cuando el punto de partida no es en igualdad. Trataré de explicar este planteamiento con algunas preguntas: ¿Es una persona con discapacidad libre si no parte de garantías de igualdad? Es decir, ¿es libre una persona sorda para elegir informarse en un canal público o privado si no aseguran la accesibilidad a la comunicación? O acaso, ¿es libre una persona con discapacidad intelectual cuando encuentra dificultades para encontrar información comprensible a su realidad sobre, por ejemplo, la masacre en Gaza?

Las respuestas son obvias: no somos libres porque solo desde la igualdad conseguimos todas las garantías. Esa igualdad en el acceso a la información debe ser un patrimonio de la ciudadanía con discapacidad o de aquella atravesada por otra vulnerabilidad como la pobreza, el género o la migración.

En esta ecuación debemos introducir también el parámetro de la accesibilidad universal, que es un derecho palanca que iguala a las personas con discapacidad al permitirle seguir plenamente un informativo con subtitulado, con lengua de signos o una audiodescripción, o leer una noticia escrita en lectura fácil. Porque estos recursos nos permiten comprender, conformar una opinión y poder expresarla sobre aspectos cruciales para nuestra sociedad que son complejos.

Sin duda es una buena práctica la iniciativa por el Ministerio de Derechos Sociales junto a Radio Nacional para extender, a través de la tecnología, la radio a las personas sordas y rompemos la barrera cultural e informativa que dejaba fuera a las personas con discapacidad auditiva de un medio que ha acompañado a la humanidad durante un siglo.

En esta relación desigual de las personas con discapacidad con los medios, existe otra variable más a tener en cuenta: el tratamiento informativo que recibimos. Nos siguen ubicando en el discurso de la superación cuando personas concretas, con nombre y apellidos, alcanzamos un objetivo o nos convierten en héroes noticiables por haber sobrevivido a la injusticia social.

Sin embargo, lo ordinario deberían ser titulares que mostraran una cotidianeidad en la que las personas con discapacidad llenásemos las universidades, los cines, o dirigiésemos el país siendo ministros o ministras.

Vivir en un estado de derecho implica también saber que existen ciertos límites y que las libertades no son absolutas

Nos miran con las gafas de un buenismo enquistado que convive también con bulos y en algunas ocasiones con odio, precisamente porque se le da pábulo a desalmados que dicen curar el autismo con un derivado de la lejía. O se compra ese relato de que las personas con discapacidad estamos mejor en espacios segregados. O cuando se usa la discapacidad como insulto en programas. Por no hablar de los momentos en los que se ridiculiza nuestras vidas en horario de máxima audiencia.

Vivir en un estado de derecho implica también saber que existen ciertos límites y que las libertades no son absolutas. Esto significa que las leyes nos amparan para denunciar y buscar reparación en la justicia ante los muros que comprometen nuestro derecho a la información y la imagen social que nos desfigura y nos aparta de la esfera del respeto.

Honestamente, me sonroja tener que recordar que somos personas. Pero para aquellos a quienes les surjan dudas sobre nuestra condición humana, debo decirles que esto lo dice el renovado artículo 49 de la tan invocada Constitución Española.

Voy a quedarme con lo que debería abrir cualquier informativo en medio de tanta bronca y de tanta polarización: la discapacidad como espacio de encuentro y como antídoto ante la crispación.

Se trata de un valor social -¡quién lo diría!- que exige la responsabilidad y determinación de los poderes públicos para extender el derecho a la información y a libertad de expresión a toda las personas, exigiendo obligaciones en materia de accesibilidad. No menos importante es obtener el compromiso y complicidad de los propios medios de comunicación para que las barreras que impiden informarnos no se conviertan en una auténtica censura.

Este es el verdadero reto de la prensa: erigirse en emisaria de la inclusión, borrando del imaginario colectivo adjetivos que no nos pertenecen

Para que nuestra realidad deje de distorsionarse generando debates estériles y nocivos en la opinión pública sobre nuestros derechos, el punto de vista informativo debe transcender al enfoque capacitista. Esto permitirá, por ejemplo, que las personas con problemas de salud mental dejen aparecer en la página de sucesos o que no se publiquen reportajes que someten a la mofa pública a personas con enanismo.

Este es el verdadero reto de la prensa: erigirse en emisaria de la inclusión, borrando del imaginario colectivo adjetivos que no nos pertenecen. Como decía Albert Camus, nombrar las cosas mal es aumentar la desgracia en el mundo.

Si exigimos la plena ciudanía, ejerzámosla y, sobre todo, no nos resignemos a discriminaciones que contravienen la ley. Denunciemos aquello que nos aparta del derecho a informarnos y, por tanto, de la libertad para expresarnos. Reclamemos una imagen positiva que nos saque del ostracismo social. Solo de esta manera seremos una audiencia respetada y respetable.

Y como hay que predicar con el ejemplo este articulo está disponible en formatos accesibles en el siguiente enlace.

Fuente: Discapacidad https://www.20minutos.es/noticia/5638754/0/desinformacion-libertad-expresion-discapacidad/

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