Leemos en Discapacidad la siguiente noticia que os reproducimos de forma íntegra:
Vivir con movilidad reducida en Cataluña es complicado, tanto, que dos de cada diez personas que la sufren han tenido que cambiar de casa por falta de accesibilidad, una cifra que asciende hasta el 31% en el caso de las personas que se desplazan en silla de ruedas. Además, un 27% afirma que tiene dificultades para moverse por el interior de su vivienda. El motivo no es otro que el que indica el informe ‘Accesibilidad y movilidad: mejorando la calidad de vida de las personas con discapacidad’ que ha elaborado la Fundación Mutua de Propietarios.
En él, señalan que un 87% de los edificios necesitan mejoras para adaptarse a las necesidades de las personas discapacitadas. En concreto, algunas como instalar una rampa que vaya desde la calle hasta el portal, un ascensor dentro del edificio, ampliar la puerta de entrada o bajar los buzones.
Ángel Lacoma, un vecino de La Bordeta que va en silla de ruedas, tuvo que cambiar la bañera del lavabo por un plato de ducha y rebajar el nivel del escalón de la portería para poder entrar. Sin embargo, en la actualidad sigue teniendo problemas para moverse por su propio domicilio. “Mi silla de ruedas no entra por la puerta del lavabo”, explica a 20minutos.es. Para entrar, tiene que cambiarse de su silla habitual, una eléctrica, a otra que tiene especialmente para ir al lavabo. “Lo podré hacer hasta que tenga fuerza en los brazos”, apunta. Luego no sabe cómo lo hará.
A pesar de este inconveniente, asegura que tiene suerte, ya que el ascensor de su edificio está adaptado a personas discapacitadas. Por el contrario, algunos de sus vecinos no tienen esta opción. “Sé de muchas vecinas que, por edad, ya no pueden moverse bien y viven en un cuarto o quinto piso”, explica a este medio.
En el caso de Domingo, un vecino de Sant Adrià del Besòs, un simple escalón en la entrada de su edificio le impedía hacer vida normal. Tras adaptar el portal, mejoró su calidad de vida, así como también su estado de ánimo. “Gracias a las obras, cada tarde puedo salir a comprar, ir al casal a jugar la partida e incluso al baile de los domingos”, explica.
El estado de ánimo, el gran perjudicado
Para Juan, salir de su casa significaba pasarlo mal. Suponía un desgaste físico y emocional. Por eso, asegura que tener un ascensor en su edificio “es un lujo, que cuando anteriormente no lo has tenido, le das aún más valor e importancia”.
De hecho, el informe apunta que hasta un 39% de personas afirma que se pasa muchos días sin salir de casa por sus problemas de movilidad y un 2%, que no lo hace nunca por los mismos. Mientras, un 40% señala que tarda tanto tiempo en desplazarse, que ni siquiera se plantea salir por ocio. Estos datos provocan que seis de cada diez personas con movilidad reducida se sientan mal por no tener una autonomía “total” y que hasta un 76% confiese que les afecta en su estado emocional día tras día.
Falta de recursos
A pesar de que el informe recoge que una gran mayoría de edificios necesitan mejoras, tan solo una de cada cuatro personas ha hecho obras para adaptar su casa o el bloque en el que vive. Estos datos, sin embargo, no indican la necesidad real que existe en miles de viviendas. El problema está en que seis de cada diez personas ven poco probable que se realicen obras en su edificio. Entre las causas destacan la falta de acuerdo entre los vecinos, con un 47% y, los recursos económicos, con un 55%. Según el estudio, algunas mejoras supondrían una inversión superior a los 2.000 euros, una cantidad que muchas personas no pueden permitirse.
Además, el informe también revela que muchas comunidades de vecinos no han recibido ayudas para mejorar la accesibilidad. El motivo, según se indica, es el desconocimiento por parte de los afectados de que existen este tipo de subvenciones. Solo el 24% de las personas con limitación en su movilidad han solicitado algún tipo de ayuda y la mayoría de estas peticiones han sido desde edificios donde la gran mayoría de residentes son personas jóvenes.
Ángel considera que el hecho de que se demanden poco es debido al trabajo burocrático que requiere. “Tienes que pedir cita previa con unos, luego con otros, desplazarte hasta allí, llevar los papeles…”, dice. En su caso, cuando reformó la bañera de su cuarto de baño. lo pagó él porque podía, pero en un futuro, cuando ya no pueda depender de su madre, tendrá que plantearse hacer obras en su cocina. “No llego a los armarios altos, tampoco puedo abrir los de abajo. Es complicado”, apunta.
La ayuda de la tecnología
Ante la falta de recursos y las dificultades para salir de casa, las personas con movilidad reducida han visto en la tecnología su mejor aliado. Con datos exactos, el estudio recoge que una de cada dos personas afirma que le ha facilitado la vida e incluso que un 21% la utiliza para hacer la compra por Internet. Sin embargo, las personas que más padecen movilidad reducida son las mismas que más sufren la brecha digital: los mayores de 60 años. A este colectivo, también hay que sumarle el de aquellos que viven en zonas poco concurridas o donde los servicios digitales no están tan disponibles. En estos casos, y en muchos otros, la única opción disponible es apoyarse en la familia o amigos. De hecho, hasta un 73% afirma que los recursos de los que dispone para pasar el día es la ayuda familiar.
En definitiva, y tal y como declaró la vicepresidenta ejecutiva de la fundación, Laura López Demarbre, para muchas personas su hogar “se convierte en una cárcel” dada la dificultad para poder entrar o salir.
Fuente: Discapacidad https://www.20minutos.es/noticia/5198907/0/27-personas-movilidad-reducida-sufre-moverse-casa-mi-silla-ruedas-no-entra-puerta-lavabo/

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