Leemos en Discapacidad la siguiente noticia que os reproducimos de forma íntegra:
<p>Sheila Díaz tiene 32 años, es madrileña y <b>en noviembre de 2021 se quedó ciega tras una operación quirúrgica</b>. Desde entonces, ha luchado por adaptarse a gestos tan rutinarios como escoger el pantalón que combine con la camiseta o hacer café sin quemarse y trabaja como cuponera en la <a href=»https://www.20minutos.es/minuteca/once/» title=»ONCE»>ONCE</a>.</p><p>En una entrevista en la delegación territorial de la ONCE en Madrid, donde ha recibido apoyos para encajar su nueva realidad, Sheila relata que <b>todo empezó tras esa «pequeña cirugía» para mejorar su vista</b>, pero tras una «mala praxis médica» acabó saliendo del quirófano ciega.</p><p>A partir de ahí, confiesa, «te cambia todo a tu alrededor y literalmente se te derrumba el cielo». Al principio lo afrontó con la negación, como si aquello que le acababa de pasar fuese mentira. Empezó a informarse junto a su familia sobre qué podían hacer en los servicios públicos para gestionar la situación lo mejor posible.<b> «No encuentras a nadie que te diga nada ni que te ayude», lamenta Sheila.</b></p><p>Con el paso del tiempo, no le quedó otra que plantarle cara a la ceguera: «Por lo menos, seguía viva». <b>Tras catorce operaciones, ha pasado de no ver nada a ver poco más de medio metro de distancia. </b>Aunque lo percibe «como si fuese una neblina», agradece esta progresión.</p><h2>Camino hacia la autonomía</h2><p>Por un contacto de su hermana, la familia conoció la ONCE y<b> a partir de ahí se empezó a «mover la maquinaria del tren». </b>Cuenta que le hicieron una valoración visual, le indicaron qué era lo que le pasaba (y lo que no) y lo más importante para ella, los expertos de la fundación le tendieron la mano.</p><p>Las primeras personas a las que conoció fueron<b> la trabajadora social y su psicóloga, quien tuvo un «papel importante» </b>a la hora de estar bien consigo misma. Sin embargo, con la que más contacto y cariño ha tenido ha sido con <b>su técnica de rehabilitación, María Jesús Bellón, Chus</b>. «Es la que más me ha ayudado a ser yo, a poder hacer mi vida y ser independiente», afirma.</p><p>Al otro lado de la sala, Chus niega con la cabeza. «Ella nos lo atribuye todo, pero<b> si Sheila es un caso de éxito, es tanto por su aptitud como por su actitud»</b>, apunta la profesional.</p><p>Ciertamente, la joven confirma que <b>acudió con «muchas ganas de aprender y de empezar de nuevo» </b>porque sabía que en la ONCE podrían ayudarla: «Conocía casos de personas ciegas que trabajaban, que hacían su vida diaria y eran totalmente autónomas e independientes».</p><p>La rehabilitadora, en una simulación con Sheila de lo que fue su primera sesión de bastón, le pregunta: «¿Qué te parece este suelo? E<b>l bastón nos dice qué textura tiene, pero también el material </b>(del que está hecho) por cómo suena».</p><h1>Lo que más cuesta al principio es ir recto, el arco del bastón, la coordinación, no tropezar </h1><p><b>Aprender a utilizar el resto de los sentidos es fundamental</b>, explica Chus; por eso, se empieza en un entorno habilitado con diferentes tipos de suelos (parqué y adoquines diversos de la ciudad) y se enseña a subir y bajar escaleras. «Lo que más cuesta al principio es ir recto, el arco del bastón, la coordinación, no tropezar con él», cuenta.</p><p>Sin embargo, <b>el mayor miedo de Sheila era salir a la calle sola.</b> «Siempre salía con gente, para poder agarrarme a ellos como un koala y no soltarme», recuerda, hasta que un día decidió dar el paso e ir con su perro a un parque cerca de su casa. «Fui allí y me senté en un banco, tomando el sol tan tranquila», cuenta entre risas.</p><p>Respecto a su vida cotidiana, <b>la joven ya es independiente y trabaja como vendedora de cupones</b>. «Volver a trabajar, el trato con la gente, salir de casa y tener algo que hacer aporta mucho y me encanta», explica. Además, quiere irse a vivir con su pareja este año. Lo único que necesita, eso sí, es que todo esté perfectamente ordenado en la casa «y si se cambia algo de sitio, que avisen».</p><h2>»¡cuidado, cuidado!», pero ¿con qué?</h2><p>Uno de los problemas que describe respecto a cómo actúan los ciudadanos cuando ven caminar a una persona con discapacidad visual es que presuponen que solamente por ir con un bastón blanco necesitas ayuda.</p><p>Lo único que Sheila les pide es que, en situaciones en las que corran riesgo, como cuando hay una alcantarilla abierta,<b> no gritarles: «La gente grita, ‘¡Cuidado, cuidado!’, </b>y la primera reacción es asustarte y pensar: ‘Pero cuidado, ¿con qué?'».</p><p>Propone que en vez de gritar, las personas se acerquen y les toquen ligeramente el brazo o <b>adviertan con un tono de voz normal</b> de lo que tienen enfrente y les ofrezcan ayuda para bordearlo. «Muchas veces, simplemente con un aviso, ya nos sabemos mover con bastante soltura por la calle», asegura. </p>
Fuente: Discapacidad https://www.20minutos.es/noticia/5163122/0/sociedad-discapacidad-entrevista-travesia-sheila-tras-quedarse-ciega-con-30-anos-negacion-independencia/

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