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Pablo Gan, tutor de un aula de niños con autismo: “El método y el maestro tienen que adaptarse al perfil del alumno, y no al revés”

Leemos en 20MINUTOS.ES – Discapacidad la siguiente noticia que os reproducimos de forma íntegra:

Cada niño es único; tiene unas capacidades y presenta dificultades y un ritmo diferente de aprendizaje. Los alumnos con necesidades especiales requieren una atención especializada, adaptada a sus necesidades. Si se trata, además, de niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA), las características propias de su condición van a marcar el método y la forma de enseñanza. “Hay tantos autismos como personas con autismo hay. Cada uno es diferente”, sostiene Pablo Gan, maestro y tutor de un aula con niños con TEA del colegio de Educación Especial San Martín de Porres, en Zaragoza.

Este centro, de titularidad privada, pero concertado por el Gobierno de Aragón, fue fundado en los años 60 por la Asociación Tutelar Aragonesa de Discapacidad Intelectual (ATADES), entidad dedicada al apoyo de las personas con discapacidad intelectual durante todo su ciclo vital. Sus más de 140 alumnos tienen un denominador común: la discapacidad intelectual. No obstante, presentan patologías muy diversas: parálisis cerebral, enfermedades genéticas, síndrome de Down, autismo… etc.

Un aula con un perfil homogéneo

El colegio de ATADES cuenta con aulas tanto de niños con distintas patologías como clases en las que todos alumnos tienen TEA. Pablo es tutor de una de ellas, con un total de siete niños, de entre 12 y 18 años, con perfiles similares, pero a la vez muy diversos: “En el área de la comunicación y del lenguaje, tengo alumnos verbales y no verbales; en cuanto a relaciones sociales, algunos se pueden relacionar, aunque necesiten apoyo, y otros tienden mucho al aislamiento; en lo que respecta a los comportamiento rígidos, los hay que solo presentan las típicas estereotipias en momentos de inactividad, y también que manifiestan rituales continuos que les interfieren en la actividad diaria en el aula”.

Pablo cuenta con más de 20 años de experiencia en educación especial, en concreto, de niños con discapacidad intelectual, los cinco últimos en el colegio San Martín de Porres. Para este docente, estar al frente de aulas con distintos tipos de discapacidad “no es que dificulte la labor del maestro, porque es nuestro trabajo, sino que complica mucho el dar una respuesta adecuada a las necesidades de los alumnos. Los principales perjudicados no somos nosotros, que tendríamos más trabajo del normal, sino ellos”.

“No son solo los compañeros, es un entorno. En otro tipo de aulas, con otro tipo de alumnos, recibirían muchos estímulos que a lo mejor les suponen un estrés. En un aula como la que tengo yo ahora, de un perfil muy homogéneo, controlo muchísimo esos estímulos, con lo cual les evitó mucha ansiedad y eso me permite avanzar en el proceso de enseñanza y aprendizaje”, señala.

Tres estrategias para facilitar el proceso de enseñanza

El perfil del alumno influye en el proceso de enseñanza y la labor del docente: “Cuando me planteo un objetivo a trabajar, lo marco en función de la discapacidad intelectual que tiene el alumno, pero el camino para llegar a ese objetivo lo va a definir el perfil TEA, es decir, sus características en cuanto a nivel de comunicación y del lenguaje, relación social y patrones rígidos y comportamentales”. Por este motivo, el docente utiliza un tipo de enseñanza estructurada, basada en tres estrategias:

1- La estructura física del aula: el maestro ha diseñado un espacio poco convencional, dividido en zonas: “Busco que el alumno asocie un tipo de conductas a cada lugar del aula”. De esta forma, existe una zona de trabajo independiente, donde debe “aprender a gestionar de la manera más autónoma posible”; una zona de trabajo uno a uno, “donde trabajo cara a cara con él, lo enfrento al nuevo aprendizaje y me interesa que aprenda sin error; una zona de ordenador, otra de pizarra digital y distintas áreas de transición con páginas visuales “donde desarrollamos la agenda del día para que se orienten”.

2- La herramienta de comunicación: “Si le damos al alumno un instrumento de comunicación alternativo o aumentativo adecuado a su lenguaje comprensivo y expresivo, tenemos comprobado que aumenta su nivel de autonomía, con lo cual de manera indirecta vamos a aumentar su autoestima, a disminuir la pasividad y nos vamos a anticipar a la aparición de muchos problemas de conducta”.

3- El apoyo visual: “Debido al procesamiento de la información en chavales con este perfil, la información visual les llega muchísimo mejor y es mucho más funcional que la de otros canales”. Por este motivo, el aula de Pablo está repleto de apoyos visuales, desde agendas para comenzar el día hasta paneles de instrucciones con pictogramas en sus puestos de trabajo, con los que también pueden ver la evolución en su tarea.

El método de aprendizaje se adapta a las características individuales de estos alumnos con TEA. Muchos de ellos tienen intereses restringidos, lo que puede dificultar, en ocasiones, la labor del maestro. Sin embargo, Pablo los utiliza en un sentido positivo: “Siempre y cuando sean funcionales, como punto de partida son valiosísimos. Cuando les presento un nuevo tema parto de ellos porque de esta manera me aseguro tenerlos en mi equipo y motivarles. Una vez me vaya ganando al alumno, poco a poco vamos flexibilizando y abriendo esos intereses restringidos”.

Una rutina flexible

Mantener una rutina es muy importante para las personas con TEA, aunque “hay que tener cierta flexibilidad porque, lamentablemente para ellos, el mundo no es todo rutina”. Cada día, los alumnos de Pablo siguen un horario. “Primero nos sentamos en una mesa central, redonda, y organizamos el día en una asamblea. Uno por uno hacen las agendas visuales, que también tenemos en pared”, explica el docente.

A continuación, los alumnos se orientan: pasan lista, ven qué fecha es, qué hay de comer… etc. “Ahí aprovechamos para trabajar la expresión oral y el contaje”, señala Pablo. En tercer lugar, acuden a un tablero de zonas de trabajo para ver dónde deben colocarse: “Cada zona de trabajo está identificada de manera visual y ellos pueden poner su foto con velcro”. En ese momento, es cuando comienza el trabajo de la asignatura que toque. Un trabajo, que interrumpen con el recreo, el almuerzo y la comida, y continúan después hasta que acaba la jornada, a las cinco de la tarde.

“Si damos sociales, el que está en la pizarra digital lo trabaja de una manera, el que está en la zona de trabajo independiente de otra, el que está conmigo en la zona de uno a uno de otra… todos trabajamos lo mismo, pero de manera diferente en cuanto a zona de trabajo y nivel curricular del alumno”, añade.

Además del tutor, durante la semana los alumnos reciben dos horas de educación física con otra profesora y cada día tienen sesiones de logopedia tanto dentro como fuera del aula. De los siete alumnos de Pablo, además, uno recibe también fisioterapia. El trabajo entre profesores y alumnos, no obstante, no sería fructífero del todo sin la colaboración de las familias: “Su importancia es toda. Vamos en el mismo barco -el niño-, aunque remando en diferentes remos, pero como no rememos en la misma dirección y de manera sincronizada el barco no va a avanzar. Sobre todo, es importante la información que me dan a mí de vuelta para trabajar yo después en clase”.

Adaptar el entorno y la metodología al alumno

Los profesores son un eje angular en la educación de estos niños. De ellos depende, en gran medida, facilitarles su aprendizaje. Para ello, su formación es vital: “Los que osamos enseñar estamos obligados a no dejar de aprender. No obstante, Pablo subraya que, más allá de esto, “la principal dificultad es adaptar el entorno. Estos chicos necesitan centrar la atención y sus esfuerzos en la actividad que les propones. En algunas aulas reciben una gran cantidad de estímulos, tanto ambientales como humanos, que distraen su atención”.

Este entorno favorable a sus necesidades, opina Pablo, solo existe, a día de hoy, en centros “especializados”. “Estos chavales funcionan bastante mejor en un entorno que realmente sí que está pensado para sus necesidades. Ojalá los centros de educación especial no hicieran falta, porque eso querría decir que los ordinarios están preparados para ellos. Actualmente yo creo que no lo están”, afirma el docente.

“Yo no estoy en contra de la inclusión, pero primero hay que saber qué entendemos por inclusión. Para mí es dar a estos alumnos todas las herramientas posibles para que, una vez salgan cada día o cuando terminen a los 21 años su etapa escolar, puedan desarrollarse de la manera más autónoma posible en su entorno”, añade.

Para Pablo, el alumno es la prioridad y el profesor debe reinventarse con el objetivo final de obtener su máximo potencial: “Yo puedo tener formación en metodología estructurada, pero luego tengo que modificar y aplicar el manual para que responda realmente a las necesidades del niño. Los alumnos no se deberían adaptar al método ni al maestro, sino que es el método y el docente el que se tiene que adaptar a la realidad y el perfil de cada alumno”.

Fuente: 20MINUTOS.ES – Discapacidad https://www.20minutos.es/noticia/5094563/0/pablo-gal-tutor-de-un-aula-de-ninos-con-tea-el-metodo-y-el-maestro-tienen-que-adaptarse-al-perfil-del-alumno-y-no-al-reves/

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